Gobernar mirando atrás
“Hay que estar tranquilos”, afirmaba ayer, en un programa radial, un exministro de Gobierno de Evo Morales al referirse a la situación sanitaria que vivimos por la pandemia de Covid-19. Para apoyar su invocación al sosiego, la exautoridad se puso enseguida a comparar las tasas de letalidad de la primera y segunda olas con la de ahora, y la “abundancia” actual de pruebas de diagnóstico y vacunas, con la ausencia o escasez de ellas hace un año.
Esa es la lógica del discurso de todas las autoridades y funcionarios del Gobierno, de los asambleístas y de los dirigentes del MAS: el país está bien comparado con lo que ocurrió en los 11 meses del Gobierno transitorio, “de facto” para ellos. Aplican con tanto aplomo esa su estrategia discursiva, que llegan a extremos de atribuir a la administración anterior la omisión de acciones que no le correspondía ejecutar, por su carácter transitorio, o le era imposible hacerlo dadas las circunstancias de la irrupción de la pandemia de Covid y sus consecuencias, especialmente económicas, además del momento electoral que vivimos en los tres primeros trimestres de 2020.
Esa lógica no se limita al discurso. No, porque las acciones del Gobierno y del oficialismo en la Asamblea concentran sus esfuerzos en imponer su fantasía de “golpe de Estado”, afanándose en la prosecución del proceso de un caso armado a su antojo y en la persecución judicial de los opositores para reescribir el pasado inmediato mediante la propaganda y el abuso de un Poder Judicial sometido a los intereses partidarios e ideológicos.
En ese su empeño, la atención y las acciones que exigen las urgencias nacionales están relegadas al final de las prioridades. Y las urgencias son evidentes y en todos los aspectos, desde el principal, que es el sanitario, hasta el de la seguridad, pasando por el económico –en todas sus dimensiones– el educativo o el social en su sentido amplio.
El hecho de que durante el Gobierno transitorio haya habido corrupción, no elimina la actual, como la vinculada al tráfico de tierras o la vacunación de personas inmunizadas cuando no les correspondía. Hablar de la gestión anterior tampoco frena a contrabandistas y narcotraficantes que imponen su voluntad, con violencia, en zonas fronterizas, y menos mejora la educación de tres millones de estudiantes que aprenden, como pueden, lo poco que les enseñan maestros carentes de los recursos suficientes para enseñarles a distancia.
La situación económica, del Estado y de la mayoría de los bolivianos, no se mejorará ocupándose de conseguir la extradición de un exministro procesado en EEUU por lavado de dinero y evitando una reforma impositiva para ampliar el universo de contribuyentes y simplificar los trámites administrativos que propicien nuevos emprendimientos. ¿Y la reforma judicial? Las urgencias son muchas y no se las resolverá mirando el pasado.
















