¿Carnaval de Oruro en riesgo?
Hace unos días, un diputado manifestó su preocupación por los exorbitantes precios que tendrán este año los asientos de la majestuosa Entrada del Carnaval de Oruro. Por ello, como si tratase de un tema de Estado advirtió, sin duda, que el Carnaval está en riesgo.
Según el diputado de Libre, Daniel Alcalá, los asientos subieron este 2026 en la conocida avenida Cívica a 2.800 y 3.000 bolivianos. Y preguntó: ¿Una familia de cuatro personas que quiera cuatro asientos en la plaza principal le va a costar 6.000 bolivianos?
"¿Qué vamos a hacer con un carnaval que no tenga público? ¿Que no tenga espectadores?", señaló y explicó que los precios de los metros lineales también subieron en aproximadamente Bs 100; sin embargo, esto no justifica el alto precio de las graderías, publicó este diario.
Cuando el diputado dice que el Carnaval de Oruro está en riesgo parece que no exagera. La fiesta tal como nació y creció hasta ser declarada por la Unesco Obra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad está en riesgo de desaparecer para convertirse en un espectáculo privado y un lujo para los bolivianos y dejó de ser el punto de encuentro de la cultura y el folclore de los Andes convirtiéndose en una presentación exclusiva para los turistas extranjeros que son los únicos que podrían cubrir las exigencias económicas que implica disfrutar de la Entrada.
Lo que ocurre en Oruro no es un problema aislado o exclusivo de esta capital; no. En todas las ciudades del país, el Carnaval se ha convertido en un espectáculo abierto a quienes pueden pagarlo y un paraíso de ventas para los comerciantes.
En Cochabamba, año tras año, se incrementan los espacios para disfrutar del espectáculo del Gran Corso de Corsos, a pesar del pedido de las autoridades de no elevarlos con el argumento de que el municipio no ha incrementado el precio del alquiler de los espacios públicos.
Los puestos más caros son los que se ubican en el Prado y mucho más los que se hallan cerca del palco oficial. Los comerciantes apelan a una diversidad de estrategias para subir el precio, como la venta “en combo” que, además del asiento incluye otros beneficios como alimentación.
El comercio también establece un cerco a lo largo de la ruta, cubriendo la parte posterior de las graderías con telas, bloqueando así la vista hacia los bailarines para que ni las personas que están de paso puedan ver el espectáculo.
El reclamo del legislador debe servir para que las autoridades municipales, asociaciones folclóricas y el Ministerio de Turismo generen mecanismos para que la Entrada del Carnaval de Oruro y otros espectáculos callejeros se conserven como espacios de encuentro, cultura y pluralidad y que no profundicen las asimetrías sociales y económicas. Un espectáculo carnavalero debe ser también para que lo disfruten los bolivianos.
















