¿Qué hacer con la basura en Cochabamba?
Cochabamba vivió durante cinco días una nueva crisis por la basura, que comenzó el 30 de abril, cuando se cumplió el plazo concedido por el Tribunal Agroambiental para el ingreso de residuos sólidos a K’ara K’ara y el inicio del cierre técnico del botadero. Ante la falta de una opción inmediata, porque el ingreso a Cotapachi estaba bloqueado, la ciudad se quedó sin servicio de recojo de desperdicios por al menos siete días.
Después de tantas crisis de la basura por los bloqueos recurrentes en K’ara K’ara ya se deberían aplicar las lecciones aprendidas en cada conflicto, pero a pesar del contrato para la gestión e industrialización de la basura que se adjudicó a la asociación Cinva lo cierto es que los cochabambinos se quedaron sin saber qué hacer con la basura que se acumulaba en las casas, empresas, restaurantes, hospitales, mercados, escuelas, parques y calles.
En ese momento, además, afloró el mal comportamiento de algunos ciudadanos que arrojaron la basura donde sea.
Muchos esperan que sea de noche para dejar bolsas repletas de basura en la esquina de una calle, en las aceras y en los canales. En definitiva, en cualquier lugar que no sea su espacio sin reparar en que ese simple acto es un atentado contra la salud pública, porque habitualmente los perros desparraman el contenido y lo esparcen por la calle por donde transita la población sin poder eludir las bolsas, papeles y una diversidad de desechos con olores y restos desagradables.
Si bien la gestión de la basura fue un tema central de la campaña electoral y todos los candidatos aseguraban tener la solución, incluido, el ganador; la realidad cuando se cerró K’ara K’ara fue muy distinta, porque la basura se acumuló por todas partes hasta que EMSA normalizó su servicio paulatinamente después de una semana.
Ahora solo se espera que el concesionario cumpla con el contrato que suscribió y se haga responsable de “brindar el servicio de tratamiento y gestión de los residuos urbanos en un terreno público o privado mediante la instalación y puesta en operación del equipamiento, maquinaria y personal”.
El contrato contempla varios aspectos como precisar que la concesión es por 25 años y por más de 1.300 millones de bolivianos, pero no determina dónde irá la basura, dónde se industrializará y, sobre todo, si el concesionario cuenta efectivamente con los terrenos para ejecutar cada uno de los servicios comprometidos. Tras lo ocurrido luego del cierre de K’ara K’ara es importante que las autoridades municipales y los concejales supervisen el cumplimiento del contrato. Además, que den certidumbre a la población sobre la gestión de residuos.



















