Paz Soldán y su espacio para proteger el futuro
Daniel Escandell Montiel
El apocalipsis es medioambiental e inminente: esto lo sabe el lector y también los miembros de la comunidad que habitan la novela de Edmundo Paz Soldán, “Área protegida”, un grupo de personas que debe enfrentarse a la inevitable llegada del fin del mundo recurriendo a las estrategias limitadas que les permite enfrentarse a los engranajes de la explotación sin frenos de los recursos del planeta. Queda el consuelo de ponerle a las páginas de este libro la etiqueta de escritura ecodistópica, pero eso no hace que la historia que ofrece el autor sea menos relevante para mirar nuestro presente con ojos críticos. El autor nos presenta una sociedad abocada a la destrucción y, por tanto, rota, que vive en un momento en el que cualquier persona puede tener problemas serios para distinguir entre lo real y lo virtual: la tecnología ha permitido construir entidades digitales prácticamente indistinguibles a través de hologramas de los cuerpos auténticos y carnales. Es inevitable señalar que todo el esfuerzo y progreso orientado a ese tipo de logros no se ha aplicado particularmente para acercarse al objetivo de preservar la vida a través de la lógica protección del planeta que habitan. Para la Comunidad queda el último reducto de esperanza, que no es sino la ilusión de lo espiritual y mirar a los cielos, quién sabe si confiando en la intervención divina o alienígena.
La mirada hacia el fin del mundo (o, en este caso, la sexta extinción que amenaza con explotar en la novela), no es ajena a la literatura contemporánea en nuestro idioma, e incluso ha sido abordada en producciones audiovisuales de éxito, siempre con una voz propia que se suma al mundo de la ficción especulativa distópica global manteniendo su identidad. La trayectoria de Edmundo Paz Soldán recorriendo el espacio de la ciencia ficción le otorga una posición destacada en la nómina de autores en español que aportan, obra tras obra, nuevos matices a la mirada ecocrítica de un mundo (presente y futuro) sumido en la vorágine autodestructiva y el negacionismo más irracional.
Área protegida es fiel a la narrativa de Paz Soldán: se trata de un libro que, con unos personajes complejos y dinámicas sugerentes, nos presenta un mundo que invita a la reflexión en la mejor tradición de la ficción especulativa. Todo ello mientras se disfruta de un profundo dominio de los tiempos narrativos con un flujo que apunta siempre a volar alto. Sin duda, logra hacerse con nuestra atención a través de sus matices y provoca, en el lector, una sucesión de emociones según se sumerge en las diferentes capas del libro. El aspecto ecológico es el aglutinador de la novela, que se abre progresivamente a las intrincadas relaciones que se presentan en sus páginas.
El discurso climático no resulta en un sermón novelado para mover consciencias, sino que es parte integral de la narrativa para abrirse a las cuestiones que son el interés real de la ciencia ficción clásica: el ser humano en su presente. El autor mira hacia la Amazonía boliviana para hablarnos de los conflictos territoriales y el egoísmo disfrazado de justificaciones impostadas para mirar a otro lado. Pero también hay algo de ello en la voluntad de alejarse de la sociedad, que no es sino el camino que sigue el Profe y que le lleva, en última instancia, hasta la Comunidad. Ese cambio fundamental y la relación con los miembros de ese grupo, y sus creencias diversas, conducen a abordar una suerte de intento de utopía en el mar distópico de un mundo en la crisis definitiva.
Ese conflicto permite a Paz Soldán escapar con contundencia innegable de los discursos sesgados y, también, es la clave para no repetir el mismo esquema distópico que fecunda el espíritu de nuestro tiempo. Como es propio del género, encontramos crítica social en las páginas de Área protegida, aunque es significativo que uno de los éxitos del libro es huir del moralismo impostadamente pedagógico y de golpe de pecho. Para construir esta historia, la mirada del autor sobre nuestro mundo conlleva ser crítico con el ecocidio del capitalismo desbocado de nuestra era; para que sea una gran historia, Paz Soldán evita en todo momento caer en la novela de tesis (y moralina) para darnos una lectura satisfactoria y compleja que sitúa su obra, una vez más, entre los referentes del género.
























