Argentina en crisis
Son preocupantes las noticias que llegan desde Argentina. Y están vinculadas con una crisis política que ha derivado en decisiones erradas en política fiscal y en política cambiaria, que han sumido en la incertidumbre y la inestabilidad a ese país vecino, que no puede controlar la inflación ni la devaluación de su moneda. Estos remezones también tienen efectos en nuestro país, que experimenta la intensidad con que la crisis golpea los principales indicadores económicos de esa nación.
Es el bicefalismo político, entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el causante de las discrepancias que han dejado en pie apenas a nueve de los 21 ministros que asumieron en 2019. En efecto, el poder detrás del trono lo tiene la Vicepresidenta, lo cual ha quedado demostrado cada vez que hace críticas tan demoledoras a la administración del presidente Fernández que muchos de sus ministros no tuvieron otra alternativa que renunciar. El último de ellos fue el hoy exministro de Economía, Martín Guzmán, quien fue duramente cuestionado por Cristina Fernández debido a la incontenible inflación y la complicada falta de dólares en la economía rioplatense; finalmente, y después de horas de incertidumbre, asumió la exministra de Economía de la provincia de Buenos Aires, Silvina Batakis, quien responde a la línea política de la Vicepresidenta. Estos cambios han golpeado duro al presidente Fernández, quien carece de liderazgo y gestión ante la crisis.
Si a estos factores políticos se agrega la tendencia hacia la recesión en la economía mundial y una deuda pendiente de 44 mil millones de dólares contraída en 2018 durante el gobierno del entonces presidente Mauricio Macri, se entiende por qué no se puede detener la inflación ni evitar las devaluaciones de la moneda local ante la necesidad de contar con dólares. De hecho, en la Argentina de hoy rigen tanto el dólar oficial, que llega a 130 pesos, mientras que el dólar paralelo o blue ha llegado a cotizarse hasta en 280 pesos. La inflación, entre mayo de 2021 y el mismo mes de este año ha llegado a 60,7 por ciento, en tanto que en los cinco primeros meses del año sumó 5,1 por ciento.
Bajo estas críticas cifras, Argentina está obligada a seguir una agresiva política cambiaria y ha devaluado su moneda, que cada vez pierde más valor, con lo cual se ha otorgado mayor competitividad a sus exportaciones para captar más divisas.
Tiene razón en preocuparse el sector productivo boliviano ante estas devaluaciones, porque habrá un incremento del contrabando y una invasión de productos argentinos baratos; al tener una política de cambio fijo, Bolivia no puede devaluar, que sería la forma de contrarrestar esta avalancha comercial rioplatense, pero podría tomar medidas como un mayor control del contrabando, con el fin de proteger los empleos en el sector productivo, pero el Gobierno tampoco ha anunciado que asumirá esa y otras medidas.
En el norte argentino y en las fronteras, se ha comenzado a ahorrar en bolivianos (Bs) ante la pérdida de valor del peso argentino. Esto da una idea de la profundidad de esa crisis que puede ser castigada en las urnas en 2023, cuando se realicen nuevamente elecciones generales en el país vecino.





















