Universidades y delirios
Se acaba de reconocer hace poco, internacionalmente, que las universidades bolivianas están entre las peores del mundo. Pero debe leerse esta noticia en paralelo con otra que la coincidencia provee: Evo Morales, tan conocido en su propia tierra por haber perpetrado un fraude electoral, acaba de dar, en la Argentina, nada menos que una “clase magistral”.
Ese despropósito, intelectualmente luctuoso, ocurrió en la Universidad Central de Rosario, Argentina. Ya sabíamos que la Argentina va corriendo hacia su nuevo abismo, de la mano del kirchnerismo, y también sabíamos de la izquierda reaccionaria que anima gran parte de su intelectualidad (justamente universitaria, cuando no psicoanalítica). Pero de ahí a invitar a Evo, en persona, a dar una “clase magistral”… ¡Qué gran idea!, se habrán dicho los organizadores. Lo mandaron a traer y ahí tuvieron a su ejemplar, o espécimen revolucionario neto, encima ‘indígena’ para los argentinos y puesto a dar una “clase magistral”.
La despiadada y completa total sustitución de lo real por un decorado de personajes ficticios, dogmas y consignas queda clara en la perfomance que mandaron a hacer al líder del complejo coca-cocaína, a manera de ir exhibiéndolo, de paso, en un aula.
Se habrán lucido ante el alumnado. El espectáculo seguramente fue gratuito y con la sala abarrotada. A veces, entre la producción teatral y la actuación política, adoctrinamiento incluido, se conocen muy pocas diferencias. No en vano Cabrera Infante escribió un precioso artículo llamado El político como actor.
En los casi tres lustros que Morales estuvo en el poder, la calidad de la educación en Bolivia empeoró. Él y los suyos, por supuesto, se pusieron a buen recaudo de cualquiera evaluación exterior que los delate. Sólo se esmeraron en la captura político-partidaria de las universidades, ya malas antes de que las empeoren. Y ahí está: ahora merecieron ser calificadas como entre las peores del mundo. Sin hablar de que Morales, como mucho alcanza a leer, mientras que su única educación consistió en su paso por el cuartel. Con serios problemas de expresión, incapaz de sostener ningún argumento coherente, mucho menos de explicarlo correctamente sin enredarse ni recurrir al insulto o a los dogmas clásicos, con su léxico prefabricado: derecha, izquierda, imperialismo, revolución, etc. Pero a este mismo “revolucionario” personaje, cuyo bajísimo nivel intelectual espanta, lo invitaron a dar una “clase magistral”. Los mismos para quienes el fraude no existió.
Se trata, en todo caso, de una cepa humana altamente resistente a los hechos y también muy extendida en la Argentina (donde, sin embargo, hay todavía universidades que se defienden), típicamente refugiada en las universidades.
En Bolivia, no sorprendió el dictamen que se hizo sobre la pésima calidad de sus universidades. Subrayemos, en cambio, que sí sorprendió el saco roto en que cayó la noticia. Sin nadie que se mechase los cabellos. Ninguno del gobierno dijo una palabra, mucho menos los decanos, rectores, etc. ¿Y hay algún Ministerio de Educación? Nunca se dio por aludido, en caso de existir.
Entre otras cosas, además, los mismos miembros del Gobierno generalmente pertenecen, sobre todo, a sectores con muy poca educación e inteligencia, por lo que, simplemente, no son capaces de comprender la gravedad del asunto. Aunque a veces los exhiban luego en las aulas, haciéndoles dar “clases magistrales” y demás cabriolas.
O hay otros ejemplos, no menos sorprendentes. Véase el caso, si no, del vicepresidente Choquehuanca, ese “guerrero del Arcoiris” empeñado, por lo visto, en crear escuelas rurales de “formación de líderes”.
En vez de preocuparse siquiera un comino por el trágico caso de la educación real boliviana, decididamente empeorada por el MAS, Choquehuanca prefiere seguir sus propios delirios. ¿Y a quiénes pondrá de “profesores”? ¿De dónde los sacará? ¿De qué materias? ¿Con qué textos? ¿Líderes de qué, en qué? Ya imagino a las grandes promociones de egresados campesinos, con su flamante título de… ¡“líderes”! ¡Filas de Futuros presidentes! Será emocionante.
Las peores universidades del mundo, clases magistrales, escuelas de líderes. Sabíamos que hay de todo en este mundo del Señor, pero a veces no se acaba de creerlo.
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.


















