Dramática situación
Que recuerde, antes existían solo tres centros de protección social importantes, el uno, el Manicomio Pacheco, en Sucre, donde se internaban gentes inteligentes y sagaces —por eso les decían locos—; el hospicio, en el que se amparaban ancianos carentes de recursos; y, los orfanatos donde eran acogidos los niños pobres y huérfanos.
Todos estos centros respondían a necesidades concretas de la sociedad, eran gratuitos, casi siempre atendidos por sacerdotes de buena voluntad. También estaba el hospital general donde se atendía gratuitamente a todos, sin distinciones, con imponentes médicos de primera y las siempre sacrificadas enfermeras de gran corazón.
En estos centros empezaba y terminaba el proteccionismo, no había necesidad de crear más recintos.
Hoy, en nuestro país existe un sinnúmero de entidades presuntamente proteccionistas tal el caso del rimbombante Defensor del Pueblo (ómbudsman), creado en 1994. Imaginariamente este pueblo está superprotegido, ¿protegido por quién y contra quién?, está protegido por el Estado y contra el conculcador más maldito de los derechos del pueblo, que es el mismísimo Estado, suena a broma, pero así es la engañifa y la hipocresía.
Existen muchas instituciones de la mujer para poner el pecho contra el patriarcalismo —dicen—, ahora ha sido creada la Casa del Hombre, donde los maridos maltratados o las víctimas de la infidelidad de la enamorada encontrarán —también dicen— su paño de lágrimas. Existe hasta legislación para proteger al niño, niña y adolescente, a los animales, a los adultos mayores, en fin, en Bolivia todo y todos están protegidos, sin embargo la violencia es gigantesca, las niñas desatendidas son violadas, los infanticidios abundan, los feminicidios están a la orden del día paralelamente a la obligación de las madres que dejan sus hogares para trabajar y compartir fiestas con sus colegas, el padre hace lo mismo, cada uno va por su camino y los hijos abandonados están prendidos del celular, lamentablemente, muchos insertos en el consumo de sustancias peligrosas y a la sombra de la no discriminación está presente el derecho al homosexualismo que está enraizándose en escuelas y colegios en violaciones entre varones echándose la culpa a directores y maestros de enseñanza.
Se cree que estos fenómenos podrán ser controlados dictándose leyes, efectuando charlas, seminarios, imponiendo actos coercitivos y otros, todos estos remedios son vanos porque este problema es demasiado profundo, responde a la desestructuración de la sociedad, a la destrucción de la familia, de la educación, a la idiotización que provoca el uso permanente del celular, al martilleo de los programas televisivos cargados de morbo y violencia.
Al ser esta dramática situación estructural, impuesta por grandes poderes mundiales y operada por sus agentes internos en el poder, la única solución, muy difícil, por cierto, es que algún día, antes de que sea tarde, el pueblo se dé cuenta de la trampa mortal que se le ha tendido, que recomponga su familia, que rescate la buena educación, que reconquiste los valores de decencia, honorabilidad y también coraje. Que el ciudadano a tiempo de votar, cuando se le haga creer que está asistiendo a un acto democrático, se fije muy bien, con lentes de aumento, por quién está votando y piense más bien en la situación de sus hijos antes que en el candidato que se presenta como gran tipo. Que tome con beneficio de inventario las palabras del político, que no se detenga en fines convenencieros de conseguir pega o alguna granjería.
La suerte de sus seres queridos y la de la nación toda está en sus manos.
El autor es jurista
Columnas de GONZALO PEÑARANDA TAIDA















