El mito de la democracia
Hay una frase popular que dice: “la democracia es del pueblo, para el pueblo, por el pueblo” expresada por Abraham Lincoln en un arrebato revolucionario y que encierra la ilusión de que el poder radica en el pueblo, cuando la historia nos demuestra que ese poder es capturado para el beneficio de unos cuantos, utilizando a ese pueblo para el buen vivir de esos pocos. Pero mejor diseccionemos esa frase.
“La democracia es del pueblo”. ¡No!, se le hace creer que es suya. La democracia es de quien tiene el poder, de quien tiene en sus manos la coerción para presionar a la gente, para dominar su pensamiento y su conducta, para eso utiliza, mínimamente, dos instrumentos: la ideología y la fuerza.
Mediante la ideología, que no es otra cosa que un conjunto de ideas, se les convierte a los individuos en “creyentes” de una visión falsa del mundo que justifica las acciones que adopta la minoría dominante.
La fuerza o coerción, es activada por esa minoría para mantener el poder utilizando para ello al Estado que está dotado de varios brazos operativos como son el gobierno centrado en el “poder” ejecutivo que a su vez controla a los “órganos” legislativo, judicial y electoral, administrador este último de las elecciones que aparecen éstas como la expresión de la democracia, elecciones que brindan el espejismo de que son los ciudadanos los que con su voto eligen a sus gobernantes.
A Lincoln, en su tumba, habría que avisarle que esta “democracia” no es democrática, que no es del pueblo y menos para el pueblo. A Platón mejor es no decirle nada, porque siempre fue un enemigo de la democracia.
“La democracia es del pueblo”. Cómo va a ser del pueblo si éste se encuentra encadenado por las reglas impuestas por el Estado, es decir por la clase dominante, en el capitalismo por la burguesía y por las fuerzas transnacionales; y, en el socialismo -fracasado- por una burocracia parasitaria corrupta y criminal. El pueblo ya no es dueño ni siquiera de su conciencia. El pueblo es la carne de cañón de los esclavizadores del nuevo tiempo.
“La democracia es otorgada por el pueblo”, horripilante engaño imponiendo la tramoya de que el votar es “democracia”. En Cuba, en Venezuela, también se vota y la auténtica democracia hace mucho tiempo que yace en el cementerio.
Es obligatorio asistir a los actos electorales so pena de imponérsele sanciones al ciudadano que incumpla con este su “deber”, elecciones que concentran todos los artilugios y actos de magia inimaginables para conquistar el voto ciudadano, mantener el poder estatal y lograr los beneficios para círculos restringidos.
La auténtica democracia aún no ha sido conocida por la humanidad dentro de su orgulloso proceso civilizatorio del que tanto se jacta debido a la superposición de la ambición, la desigualdad y la injusticia. Es muy posible que las sociedades primitivas se hayan aproximado más al verdadero sentido de la democracia.
El autor es jurista
Columnas de GONZALO PEÑARANDA TAIDA

















