Arde el Parque Tunari ¿y nosotros qué?
Las enormes columnas de humo que se alzaron el martes en el Parque Nacional Tunari (PNT) no sólo fue el resultado de unas cuantas llamas descontroladas; es el reflejo de los constantes atentados ambientales que sufre la principal área protegida de la región metropolitana de Cochabamba, que abarca los municipios del eje desde Sacaba hasta Sipe Sipe.
Año tras año la historia se repite en esta importante reserva y además fuente de agua para más de medio millón de bolivianos. Cada vez que empieza la temporada seca el PNT se convierte en un polvorín y la negligencia humana disfrazada de descuido enciende la chispa que desata un infierno en los bosques que quedan en esa área.
Los constantes incendios no son solo un problema de la temporada seca, sino que se ha convertido en un círculo de destrucción que nos obliga a preguntarnos si realmente estamos aprendiendo la lección o si simplemente nos limitamos a ser espectadores y mirar con impotencia como las llamas reducen a cenizas árboles llenos de vida.
Aunque este año han ocurrido menos incendios en el Parque Nacional Tunari por los trabajos de prevención y la reacción inmediata para contener las llamas cuando comienzan, el fuego que aún ardía anoche reavivó el recuerdo de los daños irreparables que sufre este importante hábitat y reserva de vegetación nativa. Las causas de este último incendio y de otros aún continúan en investigación.
Esto nos recuerda que la prevención no es una alternativa, sino una obligación. No basta con admirar la belleza de las montañas que protegen el valle de Cochabamba, sino que se debe trabajar en acciones sostenidas para resguardar esta área protegida.
Con el paso del tiempo ha quedado en el olvido el plan del manejo del Parque Nacional Tunari, que contaba con un estudio realizado con el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
En ese documento se avanzó en la zonificación y se identificaron a las urbanizaciones aprobadas y aquellas que están por encima del límite urbanizable, la cota 2.750.
Además, se describió el rol y aporte de las comunidades campesinas, que habitan el lugar desde mucho antes de la declaratoria de parque nacional.
¿Dónde están las políticas públicas a largo plazo? ¿Se han implementado planes de gestión forestal efectivos? La respuesta es un doloroso no. Las autoridades suelen reaccionar en el momento de la crisis, movilizando bomberos y voluntarios, pero fallan en lo fundamental: la inversión en medidas preventivas.
La educación ambiental es la clave, y debe comenzar en las escuelas, enseñando a las nuevas generaciones la importancia de no arrojar colillas, de no encender fogatas en zonas de riesgo y de respetar nuestro entorno natural.

















