Entre la técnica y la fe: el nuevo gabinete de Paz y los retos que hoy enfrenta
El domingo 9 de noviembre, el presidente Rodrigo Paz Pereira posesionó a su primer gabinete ministerial. La lista, publicada oficialmente por la Agencia Boliviana de Información (ABI), revela un modelo de reparto por cuotas hacia un gabinete de corte técnico y profesional.
Entre los nombres más destacados figuran: José Luis Lupo Flores (Ministro de la Presidencia), economista de formación internacional, que ya ha sido ministro y regresa con la misión de articular el gabinete desde un centro neurálgico del Estado.
José Gabriel Espinoza Yáñez (Ministro de Economía y Finanzas Públicas), cuya formación incluye una licenciatura en Economía por la Universidad Católica Boliviana y maestría en Desarrollo Económico, fue director del Banco Central de Bolivia y consultor en diversos organismos internacionales. Además, al asumir denunció que encontró su despacho “totalmente vacío, sin documentación ni respaldo”, lo que plantea un test de arranque simbólico tanto para su gestión como para la del Gobierno.
José Fernando Romero Pinto (Ministro de Planificación del Desarrollo), con experiencia en el sector productivo, en planificación estratégica y moderno enfoque de desarrollo, representa la expectativa de que el Gobierno articule proyectos de largo plazo más allá de parches económicos.
Marco Antonio Oviedo Huerta (Ministro de Gobierno) asume la cartera más sensible en términos de seguridad y gobernabilidad. Su rol será esencial para estabilizar el Estado de derecho, prevenir conflictos y dar señales de autoridad del Estado, en un contexto que demanda no solo administración sino también credibilidad.
Sergio Mauricio Medinacelli Monrroy (Ministro de Hidrocarburos y Energías) enfrenta la pesada herencia de uno de los sectores más complejos del Estado boliviano: con contratos internacionales, dependencia del gas, infraestructura pendiente y expectativas de transformación hacia energías renovables. Su tarea es crítica para que la promesa de crecimiento y reactivación tenga una base real.
El gabinete, según los analistas, es “eminentemente técnico”, y el propio presidente Paz ha señalado que la decisión de reducir o reordenar ministerios –con cinco cargos interinos que serán absorbidos– forma parte de un plan de eficiencia y austeridad.
El Ministerio de Justicia merece una mención particular. Su titular, Freddy Alejandro Vidovic Falch, fue propuesto por el vicepresidente Edmand Lara, y sobre su gestión recae la esperanza de que se abra una nueva etapa: la erradicación de la corrupción, ese mal endémico que ha lastrado al país.
Al mismo tiempo, ha sido objeto de observaciones periodísticas por un supuesto proceso abreviado de cohecho –hasta ahora no probado–, lo que exige de su despacho una gestión transparente desde el primer día.
Dentro de todo ese colectivo ministerial, cabe destacar que solo un ministro tiene origen cochabambino: Raúl Marcelo Salinas Gamarra, designado Ministro de Defensa. Nacido en la ciudad de Cochabamba, formado en la Universidad Mayor de San Andrés y con especialización en la Universidad de Roma, Salinas ha desarrollado una destacada carrera en el foro jurídico del país, como parte del Estudio Jurídico “Salinas Gamarra”, y otros cargos en el sector privado, pudiendo dar fe de su solvencia ética, moral y profesional; su llegada al Gobierno debe leerse como una señal positiva para el ámbito jurídico cochabambino y para la institucionalidad nacional.
Las primeras señales del nuevo gabinete son prometedoras: pudimos ver la llegada de combustibles para normalizar el abastecimiento, y el dólar paralelo ha comenzado a bajar hacia los Bs 9,50. Pero los indicadores iniciales no siempre se traducen en persistencia de gestión. El verdadero desafío es sostener esos avances y convertirlos en políticas públicas eficaces.
La técnica, por sí sola, no garantiza resultados. Al presidente Paz le corresponde también ejercer control político, medir desempeño, remover lo que no funcione y respaldar lo que rinda. El país anticipa, exige y espera. Que los ministros actúen con profesionalismo, que la ética no quede en buenas intenciones, y que la fe de los ciudadanos sea respondida con hechos.
Por ahora las señales son buenas. Pero lo que viene es más importante: ejecutar, rendir cuentas y cambiar la experiencia. En eso radica la prueba de fuego de este gabinete.
El autor es abogado
Columnas de CARLOS ALBERTO RUIZ ROMERO

















