Cortar de raíz la corrupción
Son muchos los estudiosos y políticos que han descrito la corrupción como un cáncer, por sus consecuencias y el daño que ocasiona a la sociedad y al Estado. Se trata de un flagelo que es capaz de penetrar todas las instituciones por su capacidad económica, su poder de expansión y la eficiencia de sus mecanismos para camuflarse.
Quienes asumen la lucha contra la corrupción se convierten en una especie de quijotes contra enormes molinos que se mimetizan en una realidad dinámica más ávida de resultados que de procesos.
En Bolivia, los casos de corrupción parecen develarse por olas, en cíclicos que se repiten una y otra vez sin que el Estado haya logrado implementar mecanismos adecuados para evitarla y menos prevenirla.
En general, las medidas son posteriores a los actos y se enfocan en la investigación de sus responsabilidades y la sanción que les toca. Pero no en la construcción de una cultura de la probidad y honradez que abarque todos los niveles.
La lucha contra la corrupción puede convertirse en un discurso poderoso, pero si sólo se quedan en palabras se corre el riesgo de que el cáncer siga y no se llegue a cortar de raíz este mal que impacta en la vida política, económica y social.
Lograr un gobierno transparente es difícil, pero no imposible porque en la actualidad se cuenta con mecanismos tecnológicos que pueden ayudar a agilizar y clarificar procedimientos, reduciendo al mínimo los riesgos de soborno o desvíos de los recursos públicos.
En los 27 días desde el inicio de gestión de su gestión, el Presidente y el Vicepresidente han dado señales claras de que realizarán una lucha frontal contra la corrupción, la del pasado y la que se quiera practicar en su gobierno.
Es de esperar que ese su propósito tenga en cuenta que el combate contra la corrupción no solo implica luchar contra los hechos puntuales, sino también repensar y cambiar estructuras.
Los malos manejos no aparecen espontáneamente, por lo general, surgen desde las campañas electorales, cuando se pactan compromisos que más tarde se tendrán que honrar si el candidato resulta electo.
Por ello es necesario preguntarnos: ¿Cómo se realizan las campañas electorales, quiénes las financian y a cambio de qué? Además, de reconsiderar el financiamiento que el Órgano Electoral debe brindar a los partidos que ingresen en la carrera electoral.
La entrega de recursos siempre ha sido cuestionada por el uso que se les puede dar; pero el dejar que cada partido o alianza vea cómo financia su campaña abre las posibilidades de que surja la corrupción.
Ese es uno de los aspectos en los que se debería trabajar para erradicar este flagelo. Hay muchos más y seguramente el más importante de todos es la debilidad, o simplemente carencia, de una cultura ciudadana de vivir en sociedad y respetando las leyes.
Esa cultura comienza a construirse en la familia, continúa en la escuela, se fortalece en la universidad y se aplica y renueva en la vida cotidiana.


















