Obligados a mendigar
Normalmente las temáticas sobre los derechos de la niñez suelen abordarse en abril, por ser el mes del Día del Niño en Bolivia, pero la realidad demuestra que los niños deben ser un tema siempre presente por la situación de extrema vulnerabilidad en la que se encuentran, especialmente, en momentos de crisis y de conflictos.
La muerte de un bebé en una calle de la ciudad de Cochabamba, cuando una pareja lo exponía para pedir limosna, derivó en el hallazgo de una red dedicada a utilizar a niños de diferentes edades para mendigar en la capital del valle a cambio de entregar parte de lo que se logre recaudar a nombre de la solidaridad a los padres.
La pareja que buscaba recaudar más recursos al inspirar lástima entre los transeúntes y conductores con una niña en brazos no era más que un par de delincuentes que convencieron a la madre biológica en Santa Cruz de entregarles a la niña a cambio de 150 bolivianos y de 50 bolivianos al día. Luego, sin ningún problema y pasando todos los controles policiales del camino, llegaron a Cochabamba para pedir monedas en los semáforos. Sin embargo, el pasado viernes, la bebé se puso mal y presionados por las personas llevaron a la niña a un hospital, donde llegó muerta.
La pequeña, quien era usada como cualquier mercancía, murió por desnutrición grave. Su triste final permitió la aprehensión de la pareja de traficantes de niños y rescatar a cuatro víctimas más, de 8 a 13 años, quienes se hallaban en un alojamiento sin ningún tipo de control por parte de los administradores y menos de las autoridades a cargo de la seguridad del establecimiento.
Si bien la extrema pobreza puede empujar a las familias a caer en las redes de los tratantes y traficantes de niños, la pregunta es cómo puede ser tan fácil trasladar a niño, incluso, bebés de un departamento a otro sin que nadie se percate de que no son hijos ni parientes de quienes los llevan, sobre todo, ahora, que en las terminales se controla con rigurosidad a las familias que viajan por vacaciones.
A ello se suma que resulta bastante fácil para los tratantes instalarse en las avenidas con niños y bebés para mendigar sin que exista un trabajo preventivo de la Defensoría de la Niñez y otras instancias que deberían contar con el personal especializado para detectar a niños vulnerables y averiguar porqué están en las calles.
Todos los niños, sin importar su condición, tienen derecho a la vida, a la familia, a la educación, a la identidad y a la salud. ¿Qué deben hacer las instituciones cuando estos derechos se vulneran ante la vista y paciencia de la sociedad? Al menos, les corresponde verificar si ese niño que mendiga tiene una familia y, en caso de estar solo, brindarle la protección a través de las instituciones de bienestar social.
También se debe realizar un buen control en carreteras y no sólo en las terminales, donde los padres se enfrentan con la burocracia para obtener un permiso de viaje para sus hijos.
La sociedad también debe desalentar la entrega de limosnas, porque realmente no se sabe quién se aprovecha de esa solidaridad.


















