¿Terminales, mingitorios o avenidas?
En la medida en que se normalizan las filas para cargar combustibles y los mismos choferes reconocen que “es normal hacer filas” para abastecerse, los lugares que están próximos a las estaciones de servicio se han convertido en muladares, mingitorios y parqueos caóticos donde los demás conductores que circulan para atravesar las trancaderas no respetan las señales de tránsito.
Todas las instituciones brillan por su ausencia, ni Tránsito, ni la Guardia de Movilidad Urbana y ni EMSA se asoman. Son lugares totalmente abandonados, porque las autoridades municipales y la Policía prefieren mirar a otro lado para reducir el problema a la crisis del combustible sin percatarse de que este fenómeno deforma la vida de los vecinos, de los conductores y de la educación vial.
El problema que comenzó hace dos años con las primeras filas que convirtieron las avenidas en improvisados parqueos, hoy en día, son parte del paisaje urbano deprimente, porque en los hechos es un campamento a cielo abierto, donde conductores que realmente necesitan abastecerse de combustible conviven con otros que simplemente aprovechan el río revuelto para traficar el diésel que compran barato para venderlo caro en el creciente mercado ilegal.
Las filas son inmensas e interminables por la crisis de combustibles que afecta al país, porque Bolivia requiere un promedio de 13 millones de litros diarios de combustibles (gasolina y diésel) para abastecer al mercado interno.
Según datos de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), cada día se requieren unos
siete millones de litros de diésel y siete millones de litros de gasolina.
En la medida que la crisis no se supere, las filas se mantendrán como el pan de cada día. Y, la población tendrá que convivir con las consecuencias de esta larga espera que saca a relucir la falta de respeto por los demás. No solo se trata de que haya un control para organizar el tránsito y que los choferes respeten las señales para evitar accidentes y que los peatones sean sobrepasados por los conductores imprudentes; sino, de tener consideración por el lugar y por sus habitantes.
Es tal la suciedad que existe que se forman verdaderos charcos malolientes debajo de camiones, buses, autos y volquetas que escurren hacia la avenida. Y, cuando el líquido se seca se forma una capa espesa que cubre el asfalto por donde cientos de transeúntes y los propios choferes caminan.
Algunos peatones logran esquivar los charcos, pero no pueden evitar el aire irrespirable que existe. Las jardineras están alfombradas de plásticos, envases y restos de comida. El olor de alimentos atrae a los perros callejeros que caminan en zigzag por la fila de motorizados buscando las sobras casi sin percatarse que pueden ser atropellados.
¿Qué clase de ciudad se espera construir cuando las principales avenidas parecen basurales y mingitorios? Ojalá que la indiferencia tenga un límite y que las autoridades que pidieron el voto a los ciudadanos ven cómo la ciudad se está deformando.
















