“El que pierda va a tardar 20 años en recuperarse”
La semana pasada, cuando los gigantes argentinos todavía no habían eliminado a Palmeiras ni a Gremio, el presidente del país, Mauricio Macri, extitular de Boca entre 1995 y 2007, reconoció que prefería que la final no fuera entre los históricos rivales. “¿Vos sabés la presión que va a ser eso? El que pierde va a tardar 20 años en recuperarse. Es una final que se juega mucho, demasiado. Sería mejor que uno de los dos que vaya a la final sea brasileño, al que le toque, pero así no tenemos esa final que nos quedamos de cama todos los hinchas de Boca y de River durante tres semanas”, dijo Macri.
Lo que hoy es una rivalidad argentina que despierta el interés mundial comenzó como un encendido encono barrial. Los dos clubes fueron fundados a comienzos del siglo pasado en La Boca, en el viejo puerto de Buenos Aires, donde se asentaba la mayoría de los inmigrantes italianos: los colores de River son blanco y rojo por la bandera genovesa y el primer apodo de Boca fue “los xeneizes”, que significa genovés en ese dialecto.


















