Inermes frente a los fuegos
Es urgente la inmediata aprobación del reglamento que permita desplegar acciones sistemáticas de prevención y atención de incendios
El incendio que a primeras horas de la madrugada de ayer se desencadenó en un depósito de mercaderías en la principal zona comercial de La Paz, y a duras penas fue apagado más de 12 horas después, ha vuelto a llamar la atención sobre la inexistencia en las principales ciudades de nuestro país de un servicio de bomberos que esté a la altura de los requerimientos.
El asunto no es nada nuevo, como lo demuestra la frecuencia con que en nuestro país se producen este tipo de desastres, siempre en circunstancias y con resultados muy similares. Y tampoco hay nada nuevo que se pueda decir sobre los factores que confluyen para que sea tanta la vulnerabilidad de nuestro país y sus habitantes ante el poder destructor del fuego.
Entre esos factores, sin duda el que más se destaca es la notable precariedad de los recursos con los que cuentan los diferentes Cuerpos de Bomberos para realizar su labor. Y aunque las deficiencias materiales son atenuadas, en una medida muy limitada, por el voluntarismo con que los efectivos de esa unidad policial desempeñan su labor, lo cierto es que cada incendio es una nueva oportunidad para poner en evidencia la precariedad de los medios disponibles.
No se trata de precariedades que se manifiesten ante casos extraordinarios, de esos que por lo raros que son pueden hacer que resulte insuficiente cualquier esfuerzo y medio empleado para apagar el fuego. Si de eso se tratara sería lamentable pero comprensible. Lo grave del asunto es que no hace falta que los incendios sean demasiado grandes para poner en evidencia las falencias y desembocar en grandes desastres. No es el gran tamaño de los fuegos lo que pone en dificultades a los bomberos sino, a la inversa, es el pésimo servicio el que causa el crecimiento incontrolado de las llamas. En el caso más reciente, por ejemplo, transcurrieron más de 12 horas antes de que los bomberos logren apagar las llamas, tarea que en otras circunstancias hubiera podido realizarse con mucha mayor prontitud.
Los desastres ocasionados por el fuego, tanto en las ciudades como en las áreas rurales, ponen pues en evidencia que el Cuerpo de Bomberos de Bolivia no está preparado para cumplir su misión. Y no lo está porque no se le da al tema la importancia que merece. Una muestra de lo dicho es que a pesar de que ya han transcurrido casi tres años desde la promulgación de la Ley de Bomberos, ésta aún no ha sido reglamentada lo que impide su aplicación.
Una consecuencia directa de esa negligencia estatal es que la falta de reglamento de la Ley de Bomberos impide que se cumpla con una de sus previsiones, como es la creación de una “escuela plurinacional de bomberos”.
Los perjuicios que tan notables vacíos ocasionan son por supuesto enormes, pero podrían ser mayores aún si no existieran instituciones y personas que suplen con buena voluntad, espíritu de sacrificios que con frecuencia llega al heroísmo. Es el caso de los bomberos voluntarios del SAR-Bolivia, cuya labor, pese a lo plausible que es, resulta del todo insuficiente para suplir las carencias de los Cuerpos de Bomberos dependientes de la Policía Boliviana.
Es pues urgente, y no es admisible que tan importante asunto siga posponiéndose indefinidamente, la inmediata aprobación del reglamento que permita desplegar acciones sistemáticas de prevención y atención de incendios.




















