La autonomía puede prevalecer
La decisión gubernamental de convocar al Consejo Nacional de Autonomías, la semana pasada, pese a algunas fricciones, puede convertirse en el hito para retomar, con seriedad, la tarea de construir un Estado autonómico
La confrontación entre el poder estatal concentrado y las regiones siempre ha sido traumante, pese a que en cuanta oportunidad se le dio, la ciudadanía ha estado a favor de construir un país descentralizado en el que los intereses de la región sean respetados por el poder central.
Así, en toda nuestra región, en un principio el debate fue entre “unitarios y federalistas”. En unos casos, la disputa se solucionó mediante cruentas guerras civiles, intentos separatistas, pero también por la adopción de propuestas híbridas que trataban de equilibrar ambos polos.
En el país, nuestra diversidad regional, social, cultural sirvió a los centralistas para imponerse, pues sostenían que un proceso de descentralización conduciría a una desintegración territorial, evitando debatir, de esa forma, razones económicas, políticas y geopolíticas presentes en ambas posiciones. En este debate, fueron importantes los aportes a favor del federalismo de insignes representantes cochabambinos.
Sin embargo, siempre se impusieron los seguidores de centralismo, con buenas y malas artes. En este último caso, la guerra civil de fines del siglo XIX es un ejemplo. El Partido Liberal que la impulsó bajo las banderas ideológicas liberales y el federalismo, sólo cumplió los propósitos de hacerse del poder al derrocar a los conservadores y trasladar la sede de Gobierno de Sucre a La Paz. Sus conductores olvidaron de inmediato su propuesta federal y traicionaron —en un error histórico cuyas consecuencias hasta ahora sufrimos— al movimiento indígena con el que se alió para conquistar el poder.
Sin embargo, la demanda contra el centralismo se mantuvo, al punto que en la década de 1930 se realizó un referendo en el que se consultó, entre otras propuestas, la aplicación de un régimen de descentralización político-administrativa. La ciudadanía apoyó ampliamente, pero las hostilidades con la Guerra del Chaco sirvieron para postergar el proceso.
En 1955, y a propósito de las regalías petroleras, Santa Cruz incluyó su demanda de beneficiar al departamento con el 11 por ciento de aquéllas, en su propuesta de descentralización o federalismo. La movilización arrancó el 11 por ciento, pero no logró abrir el centralismo vigente, cuyos exponentes, anecdóticamente, comenzaron a acusar de separatistas a sus adversarios.
El tema resurgió con fuerza en las postrimerías del último ciclo de dictadura militar, al punto que fue incorporado en la agenda pública de la democracia. Sin embargo, primó la dilación hasta que el movimiento descentralizador adquirió fuerza. Un paso central en este camino, pero ya insuficiente, fue el proceso de Participación Popular y, luego, el cambio de la demanda de descentralización por la de la construcción de autonomías regionales, siguiendo la experiencia española. Vivimos ese proceso que, pese a la resistencia y los obstáculos interpuestos desde el poder central, parece que avanza inexorablemente.
En ese escenario, con un retraso de seis años y ante la inminencia de una crisis económica, el Gobierno ha decidido convocar al Consejo Nacional de Autonomías a una sesión que se realizó la semana pasada y en la que, pese a algunas fricciones, puede convertirse en el hito para retomar, con seriedad, la tarea de construir un Estado autonómico.
Sin embargo, la tradición de secante centralismo sigue presente y tiene mucho poder.




















