Mesianismo andino abortado
Mesianismo es de connotación religiosa, con tinte cristiano; pero también tiene un sesgo histórico-político, no divino. Una “salvación” colectiva (fundamentalmente del pueblo originario), en este mundo (el “vivir bien”), es inminente (tiempo del pachacutec), lo va a cambiar todo (soberanía alimentaria y tecnológica), es “milagrosa”, necesita un mesías.
A continuación se presenta un símil. Se bosqueja un organigrama de la estructura de gobierno Inca reproducido en el presente y con el embrollo eterno: en el mundo andino, lo político y lo religioso, todavía, andan mezclados. Premisa: las consideraciones de género están descartadas, se consideran las funciones. El mesianismo andino político-religioso apela a la visión cíclica del tiempo, todo regresa a los 500; se necesita un “rey divino” que reordene; la representación de un orden cósmico dual, y un orden social jerarquizado y rígido. En términos políticos el Inca era un rey divino, cerca de dios y de los hombres; era un mediador. En Bolivia, no existen más reyes divinos; quedan vestigios, una tendencia natural a endiosar, el presidente se aproxima al dios creador, el verdadero sol, carisma/dictadura. Es dual Morales/García. El nuevo orden cósmico, no es nuevo: el “vivir bien”, la tierra sin mal, el Paitití, la meta del “proceso de cambio”. La estructura rígida endogámica, preponderancia al parentesco y suspicacia con el foráneo, el Hanan/Hurin, la coya (una vicepresidente), esposa principal, proviene del linaje del Inca, las secundarias son intercambio con los pueblos conquistados, sin linaje. Son los agricultores, ahora los del oriente; complementan a los conquistadores, ganaderos, ahora, comerciantes del occidente.
El mesianismo abortado. Jugarse al Inca mesías, exige requisitos insoslayables: se debe hablar quechua puro, Morales no lo hace; ser del linaje, imposible o casi, la estrella en el cielo, “…el Túpac Katari I subía a los cielos impulsado más por la voluntad y los anhelos de los bolivianos, que por el empuje del cohete.”, este seudo dios inca tendrá su coya, el “Bartolina Sisa”, protectora de la agricultura, y un sucesor, el Túpac Katari II. La familia estelar tiene su representante terreno, no es absurda la aseveración de García Linera: “si Evo se va se va el sol…” (La vida útil de estos artefactos es corta ni una generación en términos pedestres). La parafernalia es insuficiente; la escenificación en la asunción a presidente de Evo Morales pudo ser fiel; pero en esencia existían elementos insubsanables, Morales Ayma es aymara; ni una transfusión sanguínea le salvaría de ser tildado impostor y ser castigado con la máxima pena de entonces, la extradición de por vida.
Otro escollo, el escenario, tendría que haberse alquilado una plaza del Cuzco, el centro del imperio Inca, o camuflarse de turistas y subrepticiamente realizar el acto en Machu Picchu.
El retorno luce más como una mala copia. Jugar al Inca es para hippies europeos trasnochados, el “vivir bien”, alfabetismo y hospitales con médicos, en los quipus algún amauta puede seguir anotando los múltiplos de 500; en las quipus, se puede seguir jugando a ensamblar partes chinas. Los mesías modernos surgen en sociedades maltratadas, en crisis, sin identidad ni sentido crítico, que colocan sus esperanzas en un líder carismático que les salvará de sus sufrimientos. El discurso es un manifiesto; el mesías no es genuino, el sufrimiento y la crisis soportables, la identidad no es tan anónima, este mesianismo no tiene esperanza de vida, está abortado.
El autor es administrador de empresas.
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