Michael Edwards se apodera de Bolivia
Cuando se hace alarde de cualidades que no se tiene es simple compararse con monigotes y proclamar victoria
Ningún Carlos Slim, Michael Edwards es el “atleta” que se autodenominó “Eddie el águila”. El mejor saltador de esquí en Inglaterra, saltaba 10 metros más que un monigote atado, 40 metros menos que los peores. El Comité Olímpico Internacional (COI) lo tomó en serio, estableció la regla clasificatoria: van a las olimpiadas los atletas que clasifican entre los de la mitad más alta de competidores. El fantasma de Eddie el águila acecha en Bolivia.
De menos a más, con las disculpas del caso. El “hermano” presidente, obnubilado por una pasión futbolera, se exhibe en televisión nacional jugando contra contrincantes que deben perder con elegancia y disimulo (Eddie fue masacrado). La cintura presidencial revela otras aficiones, no condición atlética, sin embargo, esto no es óbice para que pasee su adicción en giras internacionales. No desafió al equipo papal por temor a la hinchada de San Lorenzo, tampoco al Roma, recaló en Milán. En su última confrontación internacional en BsAs, según información que filtró Julian Assange, Macri usaba doble braguero. Más en grande, pero en el mismo ámbito, para salir de los últimos puestos en las clasificatorias a los mundiales se podría contratar de asesor a Michael Edwards para que aconseje a los D. T.; como buen inglés, Eddie el águila debe ser experto en cerveza, escocés y fútbol y si las derrotas continúan, en Bolivia se practica el tercer tiempo, y una persona que eligió semejante mote para sí mismo debe ser buen parrandero.
La presencia de Eddie en agregados: los alardes de la economía boliviana, fanfarria, pero se está en las ligas menores. El único país con el que se lidia de igual a igual en el PIB es con el vencedor del Chaco, Paraguay, mientras éste no decida jugar sus mejores cartas como el 2013, el tercer mayor crecimiento en el mundo con más del 13 por ciento. Con el resto de los vecinos se está en desventaja. El medallero del PIB en fracciones: rumbo al séptimo de lo que produce el Perú, algo más de un octavo de lo del denostado Chile; 1/17 de la Argentina y, sin resuello se llega al 1/77 de lo que producen los brasileños. Sin que Michael Edwards susurre algo al oído no se diría nada. En porotos; ¿en qué tiempo de esforzada producción boliviana de porotos se produce 13.400 toneladas para un día de feijoada de los brasileños? (consumidores entusiastas, 25 kg por habitante al año). El crecimiento del PIB en vertiginoso juego de cifras (Einstein manifestó que la fuerza más poderosa del universo es el interés compuesto): en una friolera de 90 años, Bolivia creciendo al 5 por ciento (inquebrantable) tendrá el mismo PIB que el Brasil ahora (superando los 2.300 en miles de millones de dólares), la palanca es tremenda; el lado malo, al otro vecino, Chile, no se le alcanzaría sino dentro de 45 años, un PIB que no llega ni a los 300 en miles de millones de dólares. Las ecuaciones exponenciales son un tobogán interminable o una cuesta con cumbre inalcanzable. Avizorar un futuro millonario, o acaparar medallas olímpicas como el fantasioso Edwards. Se puede hacer alardes, ser el que más crece en la región, y mantenerse enano.
Moraleja: en Bolivia como símbolo se eligió el cóndor, no el águila, es un ave más grande, pero no sabe de caza, es carroñera. A Eddie el águila los competidores le miraron con sorna, no el COI, éste fue piadoso y generoso; cuando se hace alarde de cualidades que no se tiene es simple compararse con monigotes y proclamar victoria, un embobado no tiene que rezar con la esperanza de que exista una abuela que se conduela.
El autor es administrador de empresas.
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