Escenarios: ¿una apuesta por el triunfo o la derrota?
En 12 años, el Gobierno ha confundido: hospitales con salud, educación con escuelas y deporte con escenarios.
Es cierto. Bolivia se ha llenado de canchas de pasto sintético incluso en poblaciones que no cuentan con muchos habitantes. Hay varios hospitales, pero sin ítems ni implementos para el tratamiento de los enfermos. Y sólo en unas cuantas escuelas del país, los padres de familia hacen “colas interminables” —desde la madrugada— por obtener una ficha que les garantice el cupo para inscribir a su hijo(a), pese a la supuesta proliferación de escuelas zonales. Y es porque no se trata de contar con infraestructura, sino con la capacidad para administrarla y dotar planes estratégicos que permitan a la población desarrollarse.
¿De qué sirven las canchas de fútbol si en ellas no se encuentran balones, escuelas o clubes y entrenadores que logren enseñar a los niños y jóvenes para que exploten sus habilidades con una adecuada formación? Un tema básico que no sólo regalaría a los pequeños la oportunidad de contar con mejores horizontes para su futuro; sino que también permitiría la difusión y aplicación de “reglas” importantes tanto para el fútbol como para una sana convivencia.
Con el deporte se hace democracia, se transmiten valores, se respetan jerarquías, se practica la igualdad de condiciones y se aprende a ganar y a perder sin frustraciones.
Por ello, esperamos que la oportunidad de organizar los Juegos Suramericanos en Cochabamba el próximo mayo suponga no sólo la entrega de flamantes (y gigantes) espacios deportivos, sino —y sobre todo— la aplicación de políticas de incentivo a la actividad física.
Subdirectora de Los Tiempos
Columnas de LUZ MARINA CANELAS ARZE


















