Navidad y año nuevo
Al finalizar el actual 2018 y estando próximo el 2019, se percibe un anhelo general de paz que se expresa en una fecha en la que se conmemora el nacimiento de Jesús. Ese nacimiento tiene la denominación de Navidad. Para su celebración existe la costumbre de regalos a los niños, que por tradición cristiana provienen del Niño Dios.
Tal práctica de marcado sentido religioso tiene origen en el ánimo de familias cristianas de formar a sus hijos bajo el manto de esa fe. Es parte de otras similares como oraciones al pie de la cama antes de acostarse o rezar en familia antes y después de las comidas.
Se generalizó en todo el mundo la celebración de la Navidad. Difundida también por ello la práctica de regalos a los niños, no faltó quien, considerando que no todos los seres humanos son cristianos, decidió imponer otro benefactor.
El reemplazante del Niño Dios es el Papá Noel. Se estima que su creador se inspiró en un Obispo Católico, San Nicolás de Bari (Santa Claus), quien llevaba la vìspera de Navidad alimentos a familias pobres. El Papá Noel, rollizo, sonriente, con barba blanca y atuendo colorado apareció por primera vez con botella de Coca-Cola en una mano.
Sea con el Niño Dios o con el que llega desde los países nórdicos en trineo conducido por ciervos, la Navidad será celebrada en paz y amor.
No se tendrá el mismo ambiente la noche en que, hasta a horas doce, se despida con profunda satisfacción y enorme alivio a este año en el cual, a través de una cantidad enorme de estratagemas, ardides y engaños, se violó la ley suprema de constitución de un Estado Democrático y una decisión del pueblo soberano.
Y, luego, a partir de los primeros segundos de advenimiento del nuevo año, habrá coincidencia en cuanto al deseo de que, en los rubros de salud, amor y platita, propios del marco familiar e individual, sea el recién llegado mejor que el que acabó de irse.
Pero habrá sin duda discrepancias profundas en cuanto a la posibilidad de que el nuevo año brinde paz y concordia a los habitantes de esta nuestra tierra inocente y hermosa, por falta de entendimiento entre optimistas y pesimistas. Los unos afirmarán que están ya claras las señales que anuncian el colapso del actual sistema de gobierno, y los otros opinarán que en su criterio los actuales gobernantes se darán el gusto de continuar en el poder acudiendo a fraude o cancelación sin disimulo del régimen democrático.
El autor es abogado
Columnas de JOSÉ LUIS BAPTISTA MORALES



















