Empezó la cuarentena
Hemos terminado con el mes de Bolivia, pero hoy, cuando más flamea la bandera y los protagonistas de la política nacional se llenan la boca hablando de la patria, de su futuro, de su pueblo, con sus sueños y mañanas, no pasan naranjas.
Cuando las flores de septiembre anuncian que llega el mes del amor y de la primavera, esos señores que hablan de la unidad nacional, de luchar por la libertad y la democracia, han entrado en una competencia de quién muestra los dientes más afilados y quién saca mejor la mugre al otro.
Una mayoría de los electores que, no sabe aún por quien votar, lo único que tiene por seguro es que no quiere proseguir con el evismo abusivo y, sin embargo, al parecer no hay quien la represente, porque esas mayorías son una punta de minorías egoístas, obtusas y altamente conflictivas.
Empiezan los debates de la campaña electoral, pero no afloran las nuevas ideas. Los que descartan a los politiqueros de ayer, son los obtusos del mañana que tienen la estrategia de desprestigiar a los contrincantes con los que se debían unir y, sin embargo, les dan con todo.
Nos daban risa en principio, pero ahora infunden temor, porque sus pasos están basados en apetitos muy personales y puntuales, mandando al demonio a esta patria feliz donde el hombre, como en la pandemia, está lanzado a su suerte.
Hemos pasado por cuatro cuarentenas y esto recién empieza. La gran cuarentena electoral llegó y está en la cuenta regresiva. ¿Qué miércoles nos pasará como pueblo elector?
Mi suegra me dice que no sea tan aguafiestas. Que sabremos por quien votar. Los que no tienen una respuesta son los presidenciables que hacen de nuestro futuro un juego de pirañas que nos está empezando a sacar roncha.
Mi suegra asegura que tiene la esperanza de que la cordura vuelva a la vida nacional y que esta cuarentena –que parece la copilota de Marquito Bulacia porque que nos viene muy acelerada– enganchará a primera antes de que demos marcha atrás.
Yo no sé mucho de automovilismo, pero creo haber entendido. Creo que su abuela fue corteja de Juan Claure y/u Óscar Crespo, pero no le viene al caso.
“Nieto de mis entrañas. No se preocupe, en esta cuarentena, como todo arrepentido, volveremos a ser como cuando salimos con nuestras pititas, para decirle no a la corrupción y al fraude y comer todos de una misma olla, el fideuchu de una nueva Bolivia”.
Con esas palabras entre tuercas y gastrointestinales me fui a dormir, chocho de la vida.
El autor es humorista
Columnas de ADOLFO MIER RIVAS

















