El Lic. Paz debe afrontar la realidad aeronáutica
El nuevo gobierno del Lic. Paz enfrenta una tarea urgente y estratégica: recuperar y modernizar la actividad aeronáutica en Bolivia, un sector que durante años quedó rezagado por decisiones políticas poco técnicas que interfirieron en la gestión de aerolíneas fundamentales para el país.
La intervención en el LAB, Aerosur y posteriormente Amaszonas, mediante observaciones sin respaldo profesional, derivó en su salida del mercado. Esto redujo drásticamente la oferta de vuelos para los bolivianos y permitió que aerolíneas extranjeras como Copa Airlines y Avianca captaran miles de millones de dólares que pudieron permanecer en la economía nacional. En un país sin salida al mar, donde la aviación constituye la vía más rápida y segura de conexión, este retroceso afectó la movilidad, el turismo y el comercio.
Hoy el Gobierno tiene una oportunidad histórica: incluir en el Plan Estratégico de Desarrollo Económico y Social un objetivo específico para impulsar la industria aeronáutica, responsable de aportar entre el 2,5% y el 2,8% del PIB. La aviación conecta ciudades, mercados y culturas; sostiene el turismo —la llamada industria sin chimenea— y genera miles de empleos directos e indirectos, desde hoteles y transporte hasta servicios complementarios.
Los datos oficiales de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) muestran con claridad la evolución del transporte aéreo en Bolivia:
El 2004: 1.300.000 pasajeros nacionales. El 2014: 2.800.000 pasajeros (crecimiento del 110%). El 2024: 4.700.000 pasajeros (crecimiento del 65% respecto a 2014).
El incremento total del tráfico aéreo desde 2004 supera el 200%, lo que demuestra su importancia para el desarrollo del país. Asimismo, un estudio reciente señala que existe una demanda insatisfecha de 1,1 millones de pasajeros anuales, debido a la falta de oferta suficiente.
Con base en los datos recientes del sector aeronáutico, y tomando en cuenta la recuperación gradual y la demanda reprimida, la proyección más razonable indica que Bolivia podría transportar alrededor de 6,9 millones de pasajeros en 2026.
Esta cifra se obtiene considerando un escenario de crecimiento moderado, donde parte de la demanda insatisfecha se incorpora al mercado y se estabiliza la oferta internacional. De darse un impulso gubernamental real al sector, el número podría ser incluso mayor, consolidando la aviación como uno de los motores más dinámicos de la economía boliviana.
La aeronáutica es un sector que necesita continuidad técnica. Uno de los factores clave para mantener la seguridad aérea en Bolivia ha sido la continuidad del personal técnico calificado de la DGAC, que ha trabajado de manera profesional independientemente del gobierno de turno. Este enfoque ha permitido sostener altos estándares de seguridad, a pesar de que en el mundo operan más de 22.000 aeronaves con índices mínimos de accidentes.
Romper esta continuidad sería un error costoso para la aviación boliviana. Durante años se ha discutido la creación de un “hub” aéreo en Santa Cruz, idea impulsada inicialmente por el entonces ministro Iván Arias. Pero estos proyectos quedaron inconclusos. Implementar un verdadero hub requiere, inversiones millonarias, mayor cobertura radar, al menos dos pistas operativas.
Un hotel integrado al aeropuerto para pasajeros en tránsito, una pista alterna para emergencias, operación 24 horas en aeropuertos estratégicos.
Además, observaciones internacionales, como las realizadas por la FAA, señalan la necesidad de revisar la cercanía de ciertos aeropuertos con zonas urbanas, como El Trompillo, lo cual exige decisiones técnicas y no políticas.
Bolivia está ante un punto de quiebre.Debemos afrontar la realidad Bolivia puede recuperar su liderazgo. La decisión está en manos del Lic. Paz: o se impulsa una política aeronáutica moderna, o se sigue perdiendo terreno.
Columnas de Constantino Klaric


















