Devenires de Marcelo Callaú con la madera (II)
Jorge Luna Ortuño
Filósofo e investigador
Las esculturas en madera de Marcelo Callaú nos invitan a ver el mundo no como es, sino en su devenir –lo que podría ser sin llegar a serlo–, nos hablan del mundo cambiando pero también del devenir-mundo en el que están cogidos los materiales que toca.
Habría sin embargo que diferenciar las etapas en su trabajo, puesto que en un principio el afán de Callaú no iba más allá de representar la realidad. Grosso modo, siguiendo la clasificación que hace la curadora Cecilia Bayá, podríamos hablar de tres etapas con la madera en Callaú: 1) cuerpo humano y sensualidad, 2) geometría, 3) símbolos y objetos.
Para contextualizar, cabe decir que la escultura es la representación de la realidad por la invención de otra realidad. Se divide en dos grandes grupos: la figurativa (también llamada realista) y la abstracta. La primera está enfocada en la representación de lo real; la segunda que es la abstracta, no busca objetividad, es más subjetiva, y persigue los mismos fines que la pintura abstracta, pudiendo a su vez dividirse en la geométrica y la orgánica.
Es el paso de Callaú a la escultura abstracta el que hace que se vuelva en un artista extraordinario. Véanse los cubos de madera –en la serie de figuras geométricas– son efectos ópticos en la percepción del espectador, en los que la figura parece ser un volumen, un cubo, pero en realidad son figuras casi planas, pues el efecto tridimensional oculta que el espesor de cada pieza es bastante pequeño. Por ejemplo, en la obra mostrada en la imagen, las dimensiones son 220 cm x 226 cm, mientras que el espesor es apenas 4 cm.
El escultor abstracto es también una suerte de ilusionista. Llama la atención que Marcelo Callaú siempre sea recordado dentro de un trío que lo agrupa junto con Herminio Pedraza y Tito Kuramotto. Sin embargo, Callaú era bastante menor, once años menor que Herminio Pedraza. No era de la misma generación, aunque los historiadores de arte los cataloguen a ambos dentro de la llamada Generación del 75. Lo cierto es que Callaú era un autodidacta de otro calibre, tenía otras búsquedas y un apetito distinto por lo nuevo, fue bastante más amplio y versátil en su exploración artística. Callaú fue uno de los pioneros del arte contemporáneo en Santa Cruz de la Sierra desde su retorno al país en el 74, pero de esto poco se habla.
“Yo vivía al frente del Museo Louvre en París, me encantaba ir a ver las diferentes muestras y me quedaba horas de horas hasta perderme. Allá en el Barrio Latino también había muchas Galerías donde se exponía arte actual. Yo estaba fascinado”. (Marcelo Callaú: 1997).
En los 70, Marcelo retornó de Europa después de haber estudiado la fundición en bronce con Félix Rolin en Bruselas, habiéndose incorporado en la Escuela Nacional Superior de Arquitectura y Artes Visuales de La Cambre, donde amplió su conocimiento en técnicas mixtas, pintura, fotografía y dibujo. A fines de los 70, retornaba también al país Roberto Valcárcel, luego de hacer sus estudios de diseño y arquitectura en Alemania, y habiendo aprendido con el icónico artista Joseph Beuys. En ese momento Callaú y Valcárcel eran la vanguardia del arte en Bolivia, o al menos dos de sus máximos representantes. Pero la historia del arte contemporáneo en Bolivia la empezó a escribir Valcárcel desde La Paz con algo más de repercusión. Seguramente el lugar de residencia tuvo algo que ver. Callaú en cambio, desde Santa Cruz de la Sierra, trabajó más en silencio y de manera muy prolífica.
Marcelo participó de los primeros Salones de Arte que se organizaron en Santa Cruz, denominados Bienal de Artes Plásticas de Santa Cruz. El año 1977 en la primera versión ganó un premio en categoría técnica no tradicional. En la segunda bienal en 1979 ganó el primero premio de collage. En la Bienal INBO en La Paz en 1977 había ganado en la categoría “técnica mixta”. Marcelo estaba sentando presencia con sus obras. Pero esto continuará en la siguiente entrega.

























