Un año dormidos y escolares aún sin condiciones
Con una sonrisa en el rostro y como si anunciaran el máximo logro, las autoridades de la alcaldía de Cochabamba entregaron material para la refacción de colegios, ayer. Pero es una vergüenza que se alegren de su procastinación y falta de planificación.
Arreglar un par de chapas y pintar las paredes no hace que las unidades educativas tengan condiciones adecuadas para recibir a estudiantes en medio de una pandemia; ni siquiera para clases semipresenciales.
Según los expertos, las aulas no deberían tener más de 15 estudiantes y con una necesaria separación de un metro entre cada uno. Sin embargo, los salones de clase tienen a dos escolares por pupitre; a menos que se encuentre la forma de disminuir la cantidad de alumnos, este precepto es complicado de cumplir.
Todos sabemos que es importante el lavado de manos, pero resulta que hay escuelas que siguen recibiendo agua de cisternas y no tienen este recurso disponible.
Si se supone que se avanzó en las clases virtuales y hace unos años se entregaron las famosas computadoras Quipus, lo mínimo que debieran tener las aulas son enchufes y conexiones a Internet, pero en muchos casos eso no sucede.
Hace casi un año que los estudiantes dejaron de llenar las aulas; es decir que la presencia de alumnado no es una excusa para justificar la demora en las “refacciones”. Además, se debería tener un plan de adecuación de las infraestructuras.
Por un instante dejaremos de pensar que construir un puente es signo de una buena gestión y nos pondremos a trabajar por los estudiantes para mejorar sus condiciones de acceso a la educación. Y no. Construir más colegios sin condiciones no es la solución; porque luego tenemos casos como el colegio Voces Libres que tiene un año de entregado y ya se está cayendo.
Tarea para los que quieren ser alcalde.
La autora es periodista
Columnas de LORENA AMURRIO MONTES



















