Los tres chanchitos y el lobo neoliberal
Había una vez tres hermanos y compañeros cerditos que vivían en modo engorde y en disfrute en el medio del bosque. Durante sus 15 años en el poder de la comarca se sacaron dos veces la lotería. Primero, los precios de los frutos primarios que vendían, en especial bellotas y piedras preciosas, se fueron al cielo y, después, pueblos amigos y cooperación internacional se apiadaron de los tres chanchitos y les perdonaron la deuda externa. Con la lluvia de dinero, los tres marranitos, además de engordar y pasarla bomba, se pusieron de acuerdo y en vez de construir tres casitas hicieron una sola, muy grande, donde les decían a los demás animales del bosque que tendrían para comer y refugiarse, que serían menos pobres.
A la casita que se construyó se la presentó como una fortaleza imbatible y se le puso un letrero luminoso y bonito: “La granja de engorde económica social comunitario productiva”.
El caserón, según la propaganda, era de sólido cemento y finos ladrillos. Pero un bello día de 2014 comenzaron a aparecer problemas en la mansión de la revolución. Las bellotas que estaban en 12 mil dólares bajaron en 4.000 dólares y comenzaron a corroerse los cimientos de la casa. Aparecieron gruesas goteras fiscales, los candidatos a ricos chicharrones gastaban a manos llenas e invertían en piscinas de lodo donde solazarse. Inclusive hicieron un tremendo Museo al Tocino. Nueve años de agujero fiscal sin que la colita se les estirase. Felices repetían: El déficit público es como el colesterol, hay del bueno y del malo. Por supuesto, nosotros producimos lípidos espectaculares, nada que preocuparse.
Para tapar los agujeros, goteras, filtraciones y rajaduras que surgían por toda la casa comenzaron a gastar los ahorros de la comunidad. Las reservas de la Casa Grande del Jamón bajaron de 15 millones de dólares a 4.500 millones de dólares. Los tres amigos comenzaron a endeudarse interna y externamente. Y lo más grave: la riqueza heredada comenzó a achicarse. La tasa de crecimiento del producto, que en 2013 había llegado a 6,8%, en 2019, había bajado a 2,2%. La economía de los chanchitos iba “cuesta abajo en la rodada”. Y debido a una pandemia de triquinosis y un pésimo gobierno de transición, de lobitos de bajo rango, que defraudaron una legítima Rebelión en la Granja (George Orwell) en 2020, la economía de los cerditos se fue al sótano profundo. La casa que se la había presentado como una fortaleza, con blindaje de grueso calibre, en realidad era de cartón de jabón Patria.
Alertados sobre estos problemas por otros habitantes del bosque como las liebres keynesianas, los ciervos institucionalistas, tigres neoestructalistas y búhos ambientalistas, los tres marranitos subían a la torre de la fortaleza y pregonaban a los cuatro vientos que esta no era otra cosa que la vieja conspireta del lobo feroz neoliberal, quien no se cansaba de soplar su fétido aliento de satanás del libre mercado en el horizonte límpido de la revolución. “Todo está bien, hay flores, verduras, bonos y bellotas para todos”, repetían una y otra vez.
Siete años de déficit comercial, un mar de informalidad que crea el 80% de un empleo y ocupación de mala calidad. Una economía reprimarizada y de muy baja productividad. Elefantes blancos y azules de inversión pública. Empresas estatales que apenas cubrían sus costos y que no consideraban la inversión de capital para ver su rentabilidad. Frente a estas evidencias, los tres puerquitos salían a los cómodos balcones del poder a hacer discursos y memes: “Son los eternos quenchas, quieren que la economía se hunda”, decían; “sus premoniciones (¿no serán sus proyecciones?) nunca funcionaron”, repetían una y otra vez. Destilan ideología y consignas, pero no rebaten ideas y datos.
De repente, de la nada, la principal fuente de riqueza del bosque misteriosamente bajó. La producción de bellotas de gas, de 60 millones por día en 2014, pasa a 40 millones en 2021. Las exportaciones de bellotas gasificadas pasan de 6.000 millones de dólares en 2014 a 2.251 millones de dólares en 2021. Los impuestos directos a las bellotas (IDB), de más de 2.000 millones de dólares, caen a menos de 400 millones de dólares. Además, los subsidios al sector bellotas suman y siguen, y pueden llegar a más de 4.600 millones de dólares, según dos tigres de la economía (Medinaceli y Velázquez).
Y frente a los claros signos de agotamiento del ciclo bellotas de gas, los tres chanchitos insisten con la estrategia de negación de la realidad. No son más que intrigas de las ovejas analistas vestidas de lobos neoliberales y sus malignas mentes, declaran. Vendegranjas, criaturas del pantano del mercado, canis lupus piojentos adoradores de Adam Smith: los tres cerditos lanza así caricias conceptuales vacías.
Se estatizaron los fondos de pensiones de los animales de la comarca y se creó una gestora pública de ahorros de todos, pero hace 11 años no puede ser pasada a manos estatales. Nota técnica: El hombre llegó a la luna en 10 años y aquí los cochinitos no pudieron tomar la riqueza colectiva de la granja hasta ahora; por supuesto, la culpa de este pequeño retraso la tienen los lobos, que con sus perversas mentes embaucaron a los tres marranitos. Corre la leyenda urbana de que también existen lobos golpistas que viajan en el tiempo y que todas las metidas de pata de los últimos 15 años son de su autoría, inclusive todos los actos en los que algunos chanchitos metieron la pala al dulce de leche tenían el aliento de estos chacales.
Pero cuando el lobito feroz no aparece para hacer de las suyas, porque ya está viejito y sin dientes, los tres chanchitos, liderados por Patanegra, que necesitan mantener unidos y distraídos a los demás animalitos de la comarca, van y le lanzan piedritas al neoliberal wolf. Debe seguir soplando, se debe mantener vivo al causante de todos los males de la economía. Pero cuando el lobito local no es suficiente, los tres cerditos, muy inseguros, apelan a los besos de las suegras neoliberales. Con aires de eternos incomprendidos, se repiten a sí mismos frente al espejo, admirando sus curvas: “lo estamos haciendo maravillosamente, no lo decimos nosotros, sino los lobos mayores del neoliberalismo como el International Wolf Fund y The Werewolf Economist”.
“¡Uuuoou!”, aúllan los lobatos del bosque. “¡Rasss!”, se les hacen sus rosados cuerpos a los tres chanchitos de felicidad. Los malignos acechan. Podrán seguir echándoles la culpa de todos los males económicos y sociales de la comarca.
Por supuesto esto es un cuento infantil, una ficción, por lo que todo parecido con la realidad es mera coincidencia.
Columnas de GONZALO CHÁVEZ A.

















