Siete tácticas para ‘hackear’ el cerebro y elegir alimentos más saludables
Con datos de BBC Español
Aunque se cree que las personas tienen un control consciente y racional sobre los alimentos que consumen, la ciencia demuestra que los sentidos influyen de manera constante e inadvertida en las decisiones nutricionales y en las cantidades que ingerimos. De acuerdo con un reportaje elaborado por la periodista Melissa Hogenboom para BBC Español (publicado originalmente en BBC Future), titulado “7 maneras de engañarte a ti mismo para comer mejor”, el ser humano está lejos de ser un consumidor guiado únicamente por la necesidad fisiológica.
Según explica Charles Spence, psicólogo especialista en ciencias alimentarias de la Universidad de Oxford citado en el artículo original, el sabor es en realidad una construcción multisensorial. Antes de que un alimento toque nuestras papilas gustativas, el cerebro ya ha generado suposiciones basadas en su aspecto, sonido, olor e incluso en el peso del recipiente que lo contiene. Comprender esta avalancha de información sensorial permite, según los expertos, “hackear” nuestros propios sentidos para fomentar hábitos más saludables.
A partir de la información recopilada por la fuente original, se destacan las siguientes estrategias científicamente respaldadas para modificar la conducta alimentaria:
- Minimizar los estímulos visuales engañosos: El cerebro humano es víctima del “sesgo de prominencia”, lo que significa que la atención es capturada por colores brillantes y envases llamativos, típicamente asociados a productos procesados o indulgentes. Por el contrario, los tonos verdes, blancos y marrones se perciben como más naturales. Los especialistas recomiendan contrarrestar este efecto guardando los dulces y productos poco saludables en recipientes opacos para evitar el deseo impulsivo.
- Sortear la arquitectura de los supermercados: El “principio del mínimo esfuerzo” dicta que los consumidores eligen lo que está a simple vista. Los comercios suelen ubicar los productos más tentadores y costosos a la altura de los ojos o en la línea de cajas. Para evitar compras no planificadas, es aconsejable revisar los estantes superiores e inferiores.
- Utilizar vajilla pesada y evitar ángulos: La percepción de saciedad se ve afectada por el entorno físico. Investigaciones lideradas por Betina Piqueras-Fiszman, de la Universidad de Wageningen, indican que comer en platos o utilizar cubiertos más pesados genera una mayor sensación de llenura y satisfacción. Además, los platos blancos y redondos tienden a potenciar la percepción de dulzor en los postres.
- Optimizar la presentación del plato: La estética influye directamente en el apetito. Estudios citados por la BBC demostraron que presentar una ensalada con un diseño artístico aumentaba la percepción de su sabor y valor. Añadir colores vibrantes y vegetales frescos incrementa el atractivo de las comidas bajas en calorías.
- Aplicar la “condimentación sonora”: El sonido ambiental modifica la velocidad de ingesta. Escuchar música lenta ayuda a comer más despacio, lo que favorece una menor ingesta calórica. Asimismo, se ha demostrado que los tonos agudos pueden hacer que los alimentos parezcan más dulces, mientras que los graves resaltan el amargor.
- Reducir la densidad energética sin perder volumen: Barbara Rolls, profesora de ciencias de la nutrición en la Universidad Estatal de Pensilvania, comprobó que el ser humano tiende a consumir el mismo volumen de comida sin importar sus calorías. Integrar purés de vegetales (como espinaca o coliflor) en las preparaciones permite reducir hasta un 25% la densidad calórica manteniendo intacta la sensación de saciedad.
- Reconocer el efecto del “estómago del postre”: El apetito suele ser reactivo a los estímulos del entorno más que a un vacío estomacal. La simple visión de un postre puede despertar el deseo de comerlo incluso cuando el cuerpo ya ha alcanzado la saciedad física.
En conclusión, el reporte de BBC Español evidencia que el control de la dieta no depende exclusivamente de la fuerza de voluntad. Por lo que, gestionar el entorno, desde la música hasta el diseño de la vajilla, resulta ser una herramienta científicamente válida para mejorar la relación con la comida y promover una nutrición equilibrada.

























