La juventud de Sorrentino (y la nuestra)
Diego Bernardini
Hablar de las películas del director de cine italiano Paolo Sorrentino es hablar de varias historias en una. Sutiles pinceladas delinean personajes sobre los que ronda un denominador común: la vida y el transcurrir. Como fue en 2013 con la “La grande belleza”, en “Youth” su película de 2015, Sorrentino nos habla del tiempo y de nosotros. Nos habla de la vejez – aunque no nos guste - y nos habla de personajes con vidas (que transcurren y por tanto envejecen).
Semanas atrás les recomendaba a mis amigos las imperdibles perlas que sobre Maradona nos regalaba el director italiano. El 10 es una de las vidas en esa película. Un regocijo para los que vimos al mejor jugador, al más polémico, el más desfachatado y provocador de todos. En una imagen de la película el Diego, obeso por demás y falto de oxígeno, ve una pelota de tenis solitaria que parece recordarle -en un movimiento de cámara lenta que no es- sus tiempos de una juventud que tampoco es. Una mirada cruzada entre el objeto inerte y el gran diez en un tiempo que fue pero le pertenece. Sobre este guiño al ídolo, Sorrentino -que es napolitano y pudo vivir las glorias del Nápoles maradoniano- declaraba a un diario español que Maradona era uno de los máximos ejemplos de un hombre con problemas con el tiempo.
¿Pero, es solo Maradona quien sufre de problemas con el tiempo?
Una respuesta posible que nos da el mismo Sorrentino en Youth, es un dialogo entre Michael Caine y Harvey Keitel, los dos principales protagonistas de la película. “Me he hecho viejo sin ser consciente de cómo llegué aquí”, le dice uno al otro. El opuesto a lo que ocurre en la adolescencia, donde el joven ve cómo la transición, el paso del tiempo, se hace carne en sí mismo producto del torbellino hormonal. Un ser juvenil que es consciente de la turbulenta maduración frente a la inconsciencia por la rapidez del paso del tiempo que se suele manifestar en la vida adulta. Dos momentos que reúnen la frase hecha “cuando se llega a cierta edad” pero que son vitalmente diferentes, aunque no pocos quieran ver una nueva y falsa adolescencia en el ser mayor. Es allí donde el mismo Sorrentino zanja la cuestión en la voz de Mick Boyle el cineasta encarnado por Keitel que frente a los Alpes nevados y a través de binoculares le dice a una de sus actrices “Cuando se es joven, todo lo que se ve, parece estar cercano. Es el futuro. Lo que ves al ser viejo, es que todo está lejos. Eso es el pasado”. Es la misma idea que transmiten –en silencio– los pasos que separan a Maradona de esa pelota de tenis que espera en el polvo de ladrillo. Una distancia que separa juventud y madurez. Espacio de realidad implacable. Distancia marcada por el tiempo, donde la juventud (incluida la adolescencia) es una, y vejez otra como intenta mostrarnos Sorrentino en “Juventud”. Después de todo, todos llevamos un joven dentro, aunque nos cueste recordar y aceptar que el viejo también pertenece a nuestro ser.
Doctor en Medicina, Universidad de Salamanca, España. Profesor titular de Medicina, Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. Profesor titular de Posgrado, Fundación Barceló, Buenos Aires, Argentina.
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