Adela Zamudio, una mujer singular
Gobierno de la presidenta Lidia Gueiler Tejada instituyó en 1980 el 11 de octubre como Día de la Mujer boliviana
La novela “Íntimas”, los reconocidos poemas “Nacer hombre” y “¿Quo vadis?” son algunas de obras literarios que inmortalizan el legado y la figura de Adela Zamudio, Ribero considerada pionera del feminismo en Bolivia, defensora de la educación laica y una de las voces más destacada de la literatura nacional porque “en su tiempo y hasta hoy, su presencia e impacto en la sociedad boliviana fueron –y son– mucho más amplios que únicamente literarios”.
La poetisa, novelista, dramaturga y pedagoga de pensamiento liberal que impulsó la educación de las mujeres a principios del siglo XX nació en Cochabamba el 11 de octubre de 1854 y falleció en esta ciudad el 2 de junio de 1928. Pasó su primera infancia en Corocoro. Más tarde, en 1862, sus padres, Adolfo Zamudio y Modesta Ribero, compran una propiedad en Corani, donde la familia residirá hasta 1878, cuando los Zamudio Ribero se trasladan a una finca en Viloma y, en 1887, se traslada nuevamente, esta vez a una casa en El Pujro, en la campiña de Cala Cala.
Adela Zamudio empieza a publicar aproximadamente a sus 16 años. El periódico El Heraldo de Cochabamba será el primer vehículo de publicación de sus poemas, los que firma bajo el seudónimo de “Soledad,” nombre con el que se la conoce hasta más o menos 1913.
En 1887, aparece su primer libro: “Ensayos poéticos”. Luego vendrán su novela “Íntimas” (1913), algunas publicaciones sueltas dedicadas al teatro, su segundo libro de poemas “Ráfagas” (1914) –también conocido como Peregrinando– y, póstumamente, se editarán sus Cuentos y novelas breves (1942). Al final de su vida, tuvo varios reconocimientos tanto por su labor literaria como por su labor pedagógica en pro de la educación libre de la mujer.
En 1915, por ejemplo, la nombraron “Mantenedora” en los Juegos Florales de La Paz y, en 1926, el presidente de la República, Hernando Siles, la coronó en Cochabamba, motivando, entre otros, una multitudinaria manifestación de admiración y solidaridad en la plaza 14 de Septiembre, destacan Luis H. Antezana J. y Virginia Ayllón en su libro multimedia “La ausencia de Adela Zamudio” (2012).
En la obra, que da cuenta de la vida y obra de Zamudio, los autores realzan: “Aunque aún, hoy en día, se la considera una de las mejores escritoras bolivianas –si no, simplemente, ‘la mejor’–, Adela Zamudio también ocupa un lugar especial en la memoria social, debido a su incansable lucha por los derechos y por la educación de las mujeres. No en vano, durante el gobierno de la presidente Lidia Geiler Tejada, un decreto supremo declaró, en 1980, el 11 de octubre como Día de la Mujer en Bolivia, en honor al día de nacimiento de doña Adela”.
DERECHOS DE LAS MUJERES
Pero, además de por su carrera literaria, Adela Zamudio ha pasado a la historia por ser una de las precursoras del feminismo en Bolivia y su defensa de la educación laica e igualitaria. En lo personal, optó por ser una mujer soltera, algo que iba a contracorriente en la época que le tocó vivir, en una sociedad muy conservadora.
Educada en una familia católica practicante, Zamudio alternó su faceta creativa con la educación, ámbito en el que defendería una educación laica e igualitaria así como otros derechos fundamentales de la mujer.
Estudió de forma autodidacta y tres años de enseñanza oficial (lo máximo permitido para una mujer) y en 1890 comenzó a trabajar como maestra en la Escuela de San Alberto, en Cochabamba. En 1901, fundó dos escuelas, una para niños y niñas de los suburbios y la primera escuela de pintura “para señoritas”. Tres años más tarde, fundó y dirigió la Escuela para Mujeres, la primera escuela laica de Bolivia. Desde ella, inició su lucha para que los conocimientos que se impartiesen en la educación fuesen iguales para ellas y para ellos y cuestionó la hipocresía y la doble moral del catolicismo.
Zamudio se enfrentó con la Liga de Señoras Católicas de Cochabamba, que la acusaban de estar educando a “una generación de criminales”, o a autoridades eclesiásticas como Fray Pierini, director de una escuela católica para niñas, con el que intercambió cartas y artículos en los periódicos. En esta controversia, Zamudio logro el apoyo de la mayor parte de los intelectuales de la época.
En medio de esta agria polémica, la escritora cochabambina escribió textos tan audaces como el que a continuación se transcribe: “Yo profeso la moral humana, la inmutable, la que aquilata la virtud donde se encuentre, humilde y desconocida, y condena el error sea quien fuere el potentado que ha caído en él”.
Siempre contra corriente, en su famoso poema “Nacer hombre”, un grito contra el patriarcado, se atrevió a reproducir las célebres redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz (“Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis”), el tono irónico manejado, en su dureza implacable, constituye un auténtico manifiesto feminista orientado a denunciar el sometimiento en que vivía la población femenina y a clamar por su derecho a la equiparación civil y política con el hombre.
Además de otros famosos poemas de Zamudio, como “¿Quo Vadis?” y “Mi epitafio”, resulta obligado recordar los títulos de otras espléndidas composiciones como “Tristeza” y, muy especialmente, “Loca de hierro”, un extenso poema narrativo donde hizo gala de su enorme capacidad literaria a la hora de crear personajes y combinar algunos registros genéricos tan distintos entre sí como la narración de los hechos y el diálogo dramático. Tanta importancia llegó a cobrar su figura y su obra, que en 1926, dos años antes de su muerte, el gobierno boliviano convocó un acto solemne en el que la poetisa fue coronada de forma oficial, en reconocimiento a los valores humanos y literarios difundidos por la escritora.
“Una mujer superior En elecciones no vota, Y vota el pillo peor. (Permitidme que me asombre). Con tal que aprenda a firmar Puede votar un idiota, Porque es hombre!...” (texto de “Nacer Hombre”).


























