Sor Ancilla: educación y calidad
Cada época y generación tiene sus líderes relevantes, lo mismo en educación y política que en la investigación y los emprendimientos sociales. A veces hasta que no desaparecen no caemos en la cuenta de su talla, mensajes y aportaciones.
Nos han ido dejando destacadas figuras, como el cardenal Terrazas, profeta en tiempos convulsos, Gregorio Iriarte, maestro indiscutible, Marta Orsini, educadora preventiva y recientemente Sebastián Molina, emprendedor y poeta.
Acaba de fallecer toda una líder en el campo educativo precisamente en un tiempo, en las décadas de los 60 y 70 que la educación estaba bajo mínimos. Entonces y ahora religiosas y religiosos juegan un rol decisivo en renovar, mejorar, dar calidad y calidez a los procesos escolares y educativos.
Sor Ancilla pertenece a esa generación de educadores, vocacionados y capacitados, que ayudaron a construir y levantar nuestro departamento y nuestra Bolivia. Aportaron una educación de calidad que se basa en el amor, entrega, dedicación, aplicación de pedagogías nuevas e innovadoras. Eran capaces de crear un ambiente educativo sano, familiar, dialogante, a veces severo y riguroso, exigente y disciplinado. Demostraron y demuestran que la escuela verdaderamente educa y forma ciudadanos libres, responsables y solidarios cuando se apoya en estos tres pilares: Razón, “Amorebolezza” y religión (Don Bosco).
Estos líderes educativos son conscientes que nuestro país saldrá de la pobreza el día que nuestras autoridades y docentes inviertan en una educación de calidad, que educa en valores.
La biografía de Sor Ancilla es densa y aleccionadora. Se consideraba italo-camba, religiosa franciscana Angelina fue misionera en Bolivia desde 1949. Funda el colegio Uboldi donde introduce métodos pedagógicos innovadores, revolucionarios en la década de los 60. Influye para traer la Universidad Católica Boliviana a Santa Cruz de la Sierra. Con una educación amplia de la educación creó el Conservatorio de Música y siempre preocupada por la educación impulsa la creación de los colegios de San Martín de Porres, San Francisco y Madre Clara Ricci.
Pero lo que verdaderamente define a Sor Ancilla era el empeño y esfuerzo por dar calidad a la educación. Y el objetivo último descubrir a Jesús, referente supremo, con la nota franciscana de la alegría. Y así lo reflejaba su sonrisa amplia, contagiosa, abierta y seductora.
Y sin querer, al rendir este homenaje a esta líder, tenemos que pensar y cuestionarnos por esta afirmación de un maestro y excelente pedagogo: “La escuela, la educación que se imparte en nuestro país en los últimos años, va de mal en peor”.
El autor es sacerdote de la Orden de San Agustín, obispo emérito de Palencia, España.
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