Primero de mayo
Festejar el Día del Trabajo no debe ser un acto rutinario más. Se trata de la rememoración de uno de los hitos en la lucha por hacer de este mundo un espacio de pacífica, libre y equitativa convivencia. También un día como el que hoy celebramos sirve para tener presente que ese espacio y otros que la humanidad ha ido creando para lograr un amplio catálogo de derechos humanos, debe ser celosamente cuidado porque, al menor descuido, puede ser reducido por intereses de diverso ropaje.
Desde otro enfoque, la realidad muestra que hay un sistemático deterioro del mundo del trabajo. Por una serie de factores, ha crecido la informalidad, se han reducido los beneficios sociales y contar, actualmente, con trabajo digno y estable se va convirtiendo en un privilegio. La terciarización y la revolución tecnológica, la crisis de los seguros sociales, la paulatina subordinación de la política a la economía, entre otros factores, ocasionan que las personas ingresen en edad cada vez más tardía al mundo laboral y que lo hagan en un ambiente de incertidumbre permanente.
Se trata, sin duda, de una situación explosiva que exige a la humanidad adoptar recaudos que permitan, por sobre todo, garantizar a la población una digna existencia. Para ello, convendría escuchar voces como las del papa Francisco y otras personalidades que claman por una más justa, solidaria y equilibrada distribución de los recursos, y pleno respeto al medio ambiente.
Por eso, en este Día del Trabajo debemos sumarnos a ese clamor, seguros, además, de que esa tarea sólo podrá ser alcanzada en libertad y subordinando los intereses particulares, sectarios o gremiales, a los del bien común.



















