Alcaldes que deberían jugar con Legos
La semana pasada se llevó a cabo Idear Soluciones para Mejorar Vidas, evento/movimiento sobre emprendimiento, cultura y creatividad del Banco Interamericano de Desarrollo. Entre las charlas inspiradoras, me gustó particularmente una conversación entre el artista chileno afincado en Nueva York Sebastián Errázuriz y el especialista en planificación urbana norteamericano Bruce Katz. Ambos hablaron sobre las posibilidades de la ciudad como nodo y ecosistema para el florecimiento de la creatividad, uno desde el punto de vista artístico y el otro desde el analítico.
Errázuriz insistió en las posibilidades del arte en espacios públicos y la participación de la gente en sus intervenciones, especialmente interrumpiéndolos de sus rutinas para cuestionar asunciones cotidianas. Sus intervenciones, a diferencia de las de Mujeres Creando —por poner un ejemplo reciente— son mucho más sutiles (menos masticadas), y por lo tanto transgresoras y efectivas, pues dejan al interlocutor la capacidad de pensar más libre e independientemente, por lo que abren más caminos de reflexión, probablemente porque su público objetivo (el neoyorquino) es mucho más abierto, diverso y expuesto a unas vanguardias que ya eran estridentes hace varias décadas.
Por su parte, Katz, resaltó que la geografía de la innovación ha cambiado de un tiempo a esta parte. Antaño, observó, los investigadores y mentes creativas recorrían diariamente grandes distancias para trabajar en parques tecnológicos y laboratorios aislados, confinados a guardar sus mejores ideas en secreto y condenados a “concentrarse” en sus cavilaciones, mientras que ahora, la proximidad física e interacción marcan una condición de éxito determinante, puesto que los trabajadores quieren estar en espacios urbanos, caminables, en los cuales pueden intercambian ideas, consejos, noticias y flujos de información relevante para hacer sus proyectos más escalables. Lo que en la antigua Grecia era práctica común entre pensadores, ahora con las posibilidades de la aglomeración, del Internet y del conocimiento abierto, se nos hace más urgente, no en vano los espacios co-work son una tendencia mundial de la que Cochabamba no está al margen.
Este trimestre precisamente la revista británica Monocle sacaba un monográfico dedicado a las ciudades y a la calidad de vida, que destacaba las urbes más atractivas para vivir en su “Quality of Life Survey”. Entre los indicadores utilizados en la encuesta destacan la conectividad de estas ciudades con otros nodos globales internacionales, conectividad de transporte local, densidad y cantidad de negocios creativos, el vigor de su vida nocturna y la exposición a la diversidad y a otras culturas.
Nuestra época estará marcada por sismos fuertes —la tecnología, el comportamiento de los consumidores-prosumidores, la urbanización mencionada y el desplazamiento de los ejes de decisión a causa de la nueva realidad demográfica, la desintermediación, el cambio de los sistemas educativos y de aprendizaje, la competitividad descarnada y la convergencia.
Para facilitar nuestra adaptación a estas nuevas realidades, los ciudadanos debemos ser los principales agentes de cambio, y exigir a nuestras autoridades atender las nuevas necesidades. Pero los alcaldes también deberían jugar, como los niños, más con los Legos o figuritas que representen ciudades balanceadas en áreas verdes, espacios lúdicos y de ocio, infraestructura de salud y, sobre todo, muchos colores. Si queremos ingenieros sesudos, gerentes agudos, pensadores rigurosos y profesores universitarios de calidad, tenemos que ofrecer ciudades atractivas para vivir, que llamen al talento, tolerantes e inclusivas, de lo contrario estaremos condenados a la irrelevancia, inclusive en el contexto nacional.
El autor es gestor cultural
@fadriquei
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