Las miserias de la oposición
En este nuevo escenario de la repostulación, luego del notable triunfo de la conciencia ciudadana del 21F y la erosión hegemónica del bloque azul; la oposición tradicional nuevamente se alinea a la agenda política del oficialismo, al inocentemente rechazar una nueva consulta y organizar marchas que de nada servirán
Desde la llegada de Evo Morales y el MAS al Gobierno, la oposición ha jugado un papel fundamental en la estrategia azul de reproducción permanente del poder. Plagada de “muros mentales”, taras e infantilismo, ha sido funcional al caudillo y al partido de gobierno en la construcción de hegemonía.
Con marcada eficiencia, han desempeñado este “papel” desde el escenario de la propia Asamblea Constituyente. Incapaces de proponer un proyecto de Estado, desprovistos de sentido común, en los hechos, alentaron la aprobación del proyecto constitucional masista. El nuevo texto constitucional no tiene un solo aporte de esa oposición tradicional, desorientada y carente de proyectos políticos serios.
Si bien, en el proceso constituyente, la correlación de fuerzas estaba inclinada claramente a favor del bloque masista, no era precisamente avasallador; de modo que tenían las condiciones para proponer y concertar, aun cuando en temas de relativa relevancia. Obtusamente, ignorando el momento histórico, enarbolaron las banderas “separatistas” con el discurso de la autonomía, otorgándole mayores grados de legitimidad al proyecto masista. Inútilmente, también, se atrincheraron en la discusión de la capital, alentando procesos de violencia que a la postre favorecerían al partido de gobierno. Luego, víctimas de la “estrategia envolvente”, los embaucaron en la redacción del Artículo 168, que con interpretaciones diversas, le daba posibilidad al caudillo de repostularse el 2014. Fueron, realmente, unos verdaderos “tontos útiles”.
En las elecciones del 2009, sin la lectura adecuada, incapaces de interpretar el momento histórico para vislumbrar el escenario político que se avecinaba, propiciaron el logro de la mayoría calificada (dos tercios). Conscientes de que no tenían ninguna posibilidad, material y objetiva para competir, divididos se obstinaron en ganarle al MAS, cuando lo que correspondía era, juntos, dar dura batalla para evitar los dos tercios que perseguía, a toda costa, el bloque dominante azul. Para evitar aquello, y políticamente muchas cosas más, bien podrían haber conformado un solo frente. Empero, primaron sus miserias, dando lugar a una inédita concentración de fuerzas y de poder en manos del caudillo y su tienda política. Esa enorme concentración de poder fue decisiva luego, para el oficialismo, en la cooptación de todos los órganos de poder, para gobernar a su “libre albedrío”, afectando seriamente el Estado de derecho, carente hoy de pesos y contrapesos; el principal problema de nuestra democracia.
Sin luces y desprovistos otra vez del más elemental sentido común, en las elecciones de octubre del 2014, propiciaron exactamente lo mismo. Al no converger en un solo bloque, se alinearon a los intereses y objetivos del oficialismo, facilitando el triunfo de Evo Morales y el MAS, nuevamente con más de dos tercios. Con esa mayoría calificada, el caudillo y su voraz elite cleptocrática pueden alentar desde el legislativo, con la sumisión de los otros poderes del Estado, su tercera repostulación; así sea, a todas luces, inconstitucional. Esto último, en su estrategia de reproducción permanente del poder, poco o nada les interesa.
En este nuevo escenario de la repostulación, luego del notable triunfo de la conciencia ciudadana del 21F y la erosión hegemónica del bloque azul; la oposición tradicional nuevamente se alinea a la agenda política del oficialismo, al inocentemente rechazar una nueva consulta y organizar marchas en defensa de los resultados del 21F, que absolutamente de nada servirán.
La repostulación está definida vía renuncia anticipada. En este momento, es la única vía factible de habilitar al caudillo, puesto que, en una nueva consulta, tomando en cuenta que la descalificación del régimen crece inconteniblemente; el NO sería mucho más contundente.
Urge, entonces, evitar ese camino: la repostulación sin referendo. Por ello, en virtud de ese “bien supremo”, al margen de cualquier otra consideración, la oposición debería desafiar, al caudillo y su bloque, a una nueva consulta, donde el previsible triunfo del NO, ciertamente, terminará por liquidar las perversas intenciones del “poder eterno”; generando un nuevo escenario.
Ojalá salgan de su caverna, liberándose de sus miserias “calificadas”.
El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón.
Columnas de ROLANDO TELLERÍA A.




















