Nos creen tarados
O los Goebbels del Gobierno son extremadamente precarios (al punto que ni se dan cuenta) o se asume cual estúpida a la población. Si fuera esto último, salta una pregunta escalofriante: ¿Qué podemos esperar de un régimen que concibe a los ciudadanos como tarados?
Creo que tres cosas preocupantes se desprenden del escandalete de la Zapata y el chusco espectáculo que se ha articulado en las últimas horas.
En primer lugar, los líos de faldas del Presidente deberían ser un asunto privado, no obstante, al haber indicios de nepotismo y tráfico de influencias respecto al manejo de las empresas estatales, el temita se convirtió en público ¿O pretenden que olvidemos que Gabriela Zapata apareció a la cabeza de empresas que se han adjudicado contratos millonarios con el Estado boliviano a través de procedimientos de dudosa idoneidad? Por otra parte, la cuestión se constituye en más pública todavía si deriva en tal abuso de poder que se utilizan, de la forma más cínica e impune, los aparatos del Estado para lavar la imagen de las autoridades envueltas en esta trama. Dice mucho del régimen, el que se coloque a instituciones gubernamentales al servicio de “arreglar” las metidas de pata “privadas” del Primer Mandatario.
En segundo término, es increíble que este embrollo se deba a la imposibilidad del partido de gobierno de generar un candidato alternativo que reemplace a Evo Morales. Por ende, endeble y patética la estructura y organización de un “instrumento político” que no se comprende a no ser bajo la sombra de un caudillo más en la triste historia de Bolivia e infame el destino de la institucionalidad manejada en esas condiciones. Vergüenza ajena por los militantes del MAS, reducidos a un ejército de llunk´us acríticos que tienen tan poca confianza en sus capacidades, que no se entienden más que lamiendo las botas del “jefazo”. En ese sentido, hace un año el Gobierno gestó un referendo cuyo objetivo era asegurar la candidatura de la dupla presidencial y, al salirles el tiro por la culata, quieren desconocer lo que ellos mismos armaron, adivinen con qué, ¡con los recursos públicos! Y hoy, desde el montaje ridículo de la “entrevista” a Zapata hasta las movilizaciones gobiernistas, nuevamente, los aparatos del Estado se han puesto a la prestación de emprender tamaño show, ¡y todo porque el MAS es incapaz de perfilar un candidato alternativo y desligarse de la cultura política caudillista que asola a este país!
Finalmente, por si no tuviéramos suficiente, lo alarmante es el convencimiento de las autoridades de que los ciudadanos somos imbéciles. Es terrorífico el hecho de que, por ejemplo, el Vicepresidente se dirija a sus huestes como a chiquillos de kínder. Bastante con las salidas absurdas a las que nos han acostumbrado funcionarios y militantes del MAS al defender lo indefendible y maquillar 11 años de “proceso de cambio”, donde lo único que cambió son las redes familiares y apellidos de los que se rifan esta oportunidad histórica.
Empero, llega al colmo la famosa “entrevista” a Zapata, un indisimulable y risible montaje que ni siquiera podríamos denominar ficción, ya que la ficción implica un mínimo de cuidado en su elaboración. Obvio, predecible, enredado e inverosímil, el libreto dictado a Zapata ni funge como una caricatura simplona en la que se enfrentan héroes y villanos, porque hasta los productos mercantiles y masivos presentan cierta complejidad en su construcción argumentativa para dar sensación de credibilidad. La edición es aún peor, incluso un trabajo audiovisual de estudiantes de primaria tendría mejores resultados. En suma, o los Goebbels del Gobierno son extremadamente precarios (al punto que ni se dan cuenta) o se asume cual estúpida a la población. Si fuera esto último, salta una pregunta escalofriante: ¿Qué podemos esperar de un régimen que concibe a los ciudadanos como tarados?
La autora es socióloga.
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