Lógica extractivista y pleno empleo
Si la lógica extractivista estampa nuestras formaciones estatales, es por la existencia de individuos con lógicas extractivistas. En otras palabras, que Bolivia dependa del extractivismo para garantizar sus planes de desarrollo, trasciende la sola decisión de los políticos, hacia las construcciones subjetivas de la población. Este último criterio nos da cuenta de que las políticas de orden extractivo se solidifican con las aspiraciones y proyectos comunes de los individuos.
Para graficar este extracto, basta rememorar la discusión sobre el cuestionamiento ético que implica que altas autoridades tengan o no familiares en diversas instituciones de Estado. Ciertamente no es ningún delito; más allá del show político es una práctica tan antigua como la rayuela en el valle. Gobiernos militares, nacionalistas, neoliberales y de izquierda reproducen y han reproducido estas prácticas. Ya que no sólo consolidan un tipo especial de respaldo político, sino que son ante todo una forma de relación informal entre autoridades electas y electores. Quizá lo indignante en esto es que los familiares y amigos de estas autoridades ocupen también altos cargos. Pero esa es otra historia.
Lo cierto es que para las formas de relacionamiento del boliviano, es lógico contratar familiares y amigos para garantizar estabilidad institucional ya que nadie muerde la mano que le da de comer, o al menos eso dice el dicho. De ahí que suene coherente que el gobierno amenace a expulsar a funcionarios que no hicieron campaña más sacrificada por él. Lo que nos da cuenta de que para el boliviano, tomar una entidad pública otorga también el derecho de usufructuar de sus recursos como un botín de guerra. Las formas en las que se presenta este fenómeno puede ser mediante fondos, bonos, transferencias o fuentes de empleo. Esta dinámica, por tanto, nos muestra un particular tipo de interacción entre individuos, políticos electos y aspiraciones sobre las instituciones públicas.
De alguna manera, esta interacción ha creado una imbricación política que asocia estabilidad institucional con contratación de familiares y amigos. Es un claro reflejo de la construcción subjetiva rentista de la clase media boliviana y de la idea de las instituciones públicas como fuente de ingresos. Empero, no seré tan duro porque las prácticas también pueden considerarse como una estrategia de supervivencia de las clases medias, que como consecuencia de no haber desarrollado una forma de producción diferente a la extractiva, no pueden lograr un espacio laboral bien remunerado en relación con sus estudios. Lo que lleva a que ingresen al campo de la muñeca política para garantizar su peguita. Estos elementos nos muestran lo profundo de las construcciones subjetivas del boliviano, de demandar una parte de la torta de los recursos del extractivismo para su beneficio.
La solución a esto no pasa por evitar que la gente trabaje, ya que eso es vulnerar el derecho al trabajo. Lo que se debe exigir es la transparencia y rendición de cuenta de los procesos de contratación estatal en todos los niveles. Pero, lo más importante es analizar la relación de desempleo, dependencia del extractivismo y falta de seguridad laboral de las clases medias, lo que ha generado un tipo corrupto de relacionamiento y favores políticos.
El autor es sociólogo
Columnas de CÉSAR AUGUSTO CAMACHO SOLIZ




















