Aprender del fracaso
Como se previó, el paro nacional movilizado convocado por la Central Obrera Boliviana (COB), en alianza con el gremio del transporte sindicalizado, exigiendo derogar el incremento del tres por ciento de las tarifas eléctricas y que el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) revoque su sentencia en contra de los paros en el sector salud, ha sido un fracaso. Salvo por algunos bloqueos específicos en algunas ciudades que por algunas horas provocaron embotellamientos por la pasiva actitud policial, y el perjuicio a la población más vulnerable por la falta de buses, el paro hubiera pasado desapercibido.
Así, una vez más se constata que la gente está cansada de los tradicionales métodos utilizados por la dirigencia sindical para que se atienda sus demandas, más allá de la legitimidad que éstas ostenten.
Sin duda, son varias las causas de esa situación. Para señalar las más obvias, hay una convicción muy generalizada de que la posición beligerante de la dirigencia responde a sus propios intereses. A su vez, esta actitud es parte de una tradición de confrontación de la dirigencia sindical boliviana, pues por parámetros hiperideologizados se considera un acto de traición arribar a acuerdos con el Estado o empleadores.
Otro factor es que probablemente haya una profunda desorientación sindical respecto al Gobierno que, en su discurso oficial, insiste en visiones que más pronto que tarde son desmentidas por la realidad. En el caso concreto de las tarifas, la retórica asistencialista ha hecho creer que debe ser el Estado quien garantice el acceso de la ciudadanía al servicio y no el aporte de cada quien.
En fin, hay muchos factores que señalan con claridad que la dirigencia sindical debe buscar nuevas formas de trabajo para defender y plantear sus demandas.

















