Entre la caducidad de los negocios y el servicio público
El reciente cierre de la empresa de Correos de Bolivia Ecobol es el final de una nostálgica época y el cierre de una etapa de este servicio como negocio. Al respecto, se vive una contradicción entre algunos titulares de prensa y lo ocurrido en la realidad; esto debe ser el motivo de la presente reflexión además de echar un vistazo al perfil de un nuevo operador.
En el mundo, el servicio de correo por mucho tiempo ocupó el primer lugar entre los medios de comunicación, tanto por su alcance como por su accesibilidad. El crecimiento de este servicio llevó con el tiempo a la constitución de la famosa Unión Postal Universal (UPU) que aglutinaba e integraba a los servicios postales de todas las naciones del mundo.
En Bolivia, el correo fue un servicio íntimamente ligado al Estado, al ser, durante una muy buena parte de la vida republicana, el principal medio de comunicación. Asimismo, este servicio importaba una significativa cantidad de recursos por los timbres postales que eran utilizados para el cobro de la tasa por su uso. A principios de la década del 90, la clase política decidió sacar del seno del Estado el servicio de correo para crear Ecobol, con una sola finalidad: convertirla en botín político y aprovecharse de los recursos que generaba entregando esta empresa como favor político a los aliados de turno. Es de público conocimiento, este hecho se convirtió en la principal causa de la crisis de la que posteriormente fue víctima.
La crisis del correo se agudizó debido a que junto al saqueo constante de Ecobol a manos de los políticos de turno, el mundo fue objeto de la revolución de los medios de comunicación con la llegada de la autopista de la información (web) y el correo electrónico, lo que llevó a una sustancial reducción del tráfico epistolar y de los recursos que fueron objeto de saqueo por los gobiernos anteriores al cambio de siglo quedando al desnudo el mal manejo.
La crisis anotada anunció la caducidad del negocio del correo que exigía un reenfoque como un servicio en calidad de derecho garantizado por nuestra Constitución que debe ser asumido por el Estado para lo cual la estructura de Ecobol era innecesaria razón por la que se debe crear un nuevo operador como dependencia del Estado, como lo fue antes de que los políticos lo conviertan en parte de su botín.
El cierre de Ecobol está evitando se generen más pasivos que no pueden ser afrontados con los recursos de la extinta empresa. Del mismo modo, la lectura del decreto que dispone el cierre (publicado en la gaceta oficial) dispone que el Estado asume la carga de los pasivos generados y garantiza el pago de todos los beneficios sociales. Lo que me lleva a advertir que no se encuentren en las calles los trabajadores retirados exigiendo sus indemnizaciones como ha ocurrido con tantas empresas privadas que cierran dejando desamparados a sus trabajadores.
El cierre de Ecobol, aunque penoso, fue necesario ante la caducidad del negocio para que surja nuevamente como un servicio estatal. Pero más importante aún es que no se ha dejado un solo trabajador desamparado, pues se ha pagado hasta el último salario y hasta el último beneficio social. Asimismo, no hay nadie exigiendo que se paguen aportes para su jubilación y no debe dejarse de lado que su crisis en gran medida se ha debido al manejo discrecional de los gobiernos que convirtieron el servicio en una empresa persiguiendo el objetivo de aprovecharse de ella.


















