Más sobre la formación docente
Me siento, en alguna forma, gratificado porque esta columna haya merecido la atención del Director General de Formación de Maestros, del Ministerio de Educación quien hizo un comentario alusivo a ella hace unos días. El Director apeló al clásico “argumento ad hominem” (contra el hombre), utilizado para dar por sentada la falsedad de una afirmación, basándose en la desacreditación de la persona que la sostiene (considera que ignoro lo que ha pasado en el país en los años recientes). Realmente, la falacia no me toca. Me asusta, sí, que el regodeo sobre las propias buenas intenciones y acciones realizadas, no permitan al Ministerio –al menos en público– ir un poco más allá de solamente contemplarse el ombligo.
Como entiendo que el colega Fernando Carrión tiene un básico sentido de autocrítica, prefiero dar vuelta a la hoja sobre los argumentos personales y, más bien, regresar al planteo central. Considero que vale la pena aprovechar una oportunidad de diálogo y debate sobre la formación docente, interpretando la reacción de Fernando como la apertura para generar una conversación constructiva.
La educación como cuestión de Estado, es interés y responsabilidad de todos los ciudadanos. No exclusivamente del Ministerio de Educación. Por ello es atendible la preocupación de varios educadores que observan señales de que los enunciados conceptuales declarativos de la Ley parecieran no convertirse en práctica de aula y en aprendizajes para nuestros estudiantes. Y eso no significa, necesariamente, disentir de los conceptos pedagógicos expresados en el documento normativo de la educación boliviana… ¡Me resisto a creer que, hoy, discrepancia en algún punto, se entienda como desconocimiento y negación de todo!
No hubo nada en mi columna que negara los esfuerzos importantes que el país ha realizado en materia educativa. Por el contrario, la figura que usé del famoso talón de Aquiles, que mereció el comentario de Fernando, trae a la mente al guerrero mitológico, héroe de extrema fortaleza, pero que era vulnerable solamente en un punto: su talón. Todos los países hoy aceptan que la calidad de su educación depende de la calidad de sus docentes. Y que las más consistentes reformas tienen en la formación docente su punto crítico. Pero eso no significa que, al aceptarlo, como lo hacen los Ministerios de Educación, sin ambages, reconozcan que hacen poco o nada en sus políticas al respecto. No. Solamente entienden que, si no se tiene éxito en ese aspecto, la mejor formulación conceptual quedará, solamente, como una plausible declaración de intenciones.
Bolivia ha hecho un enorme esfuerzo para mejorar el nivel de la formación inicial para los nuevos maestros y, además, profesionalizar a quienes lo requerían, mediante centenares de cursos. El punto es que, insistir en la misma estrategia para formar a los maestros que están ya en ejercicio, ha mostrado ser menos efectiva que diversas formas de acción directa con el docente en su aula (asesores, mentores, pares calificados, pasantías…). El efecto demostrativo de observar un buen desempeño en aula vale más que muchas horas de charlas en un curso.
Gran esfuerzo, sí. Pero una cosa es el esfuerzo que se realiza y otra, el resultado que se obtiene. Existe evidencia anecdótica (así la llaman los especialistas) que muestra indicios de que el ingente esfuerzo formativo del Ministerio, no está dando el resultado buscado. En otras palabras, hay casos significativos de prácticas docentes y de resultados observados aquí y allá, que son señales de alerta para una acción formativa concentrada en la realización de cursos. Lo que significa que hay necesidad de investigar y evaluar los aprendizajes de los estudiantes, para contar con evidencia empírica (no anecdótica), que fundamente apreciaciones sobre la eficacia de la formación. Hasta donde he podido indagar,no tenemos en Bolivia investigación evaluativa consistente. Por mucho que indago, no encuentro producción académica independiente o del propio Ministerio, que revise la relación esfuerzo-resultado, postulados teóricos-resultados en aula.
Quiero ser asertivo y propositivo. Celebro que el Ministerio de Educación vaya a participar en las pruebas ERCE 2019 del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (Llece), de la Unesco. La información que se obtendrá será valiosa para el sistema de formación docente. Para no esperar tanto, la aplicación demostrativa de esas pruebas en su versión anterior, que se hizo, no hace mucho, en Bolivia, pudiera utilizarse internamente para analizar los resultados de lectura en el tercer grado. Solamente sobre eso. La lectura es definitiva para todos los aprendizajes (su talón de Aquiles…). Las pruebas mencionadas permiten identificar, de manera muy desagregada, cuáles son las competencias específicas de lectura que no dominan los estudiantes. Los maestros que lograron buenos resultados –que los hay y se los puede ubicar– podrían compartir sus prácticas didácticas específicas con los de las áreas que fracasaron. Más que cursos sobre didáctica de la lectura, el Ministerio puede usar resultados de la investigación formal y sistemática para consolidar prácticas didácticas que muestran éxito y desterrar las que se asocian a fracasos. ¿Se podría intentar algo así?
El autor es Doctor en Ciencias de la Educación
jorge.riverap@tigomail.cr
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