Servicio social en Villa Rivero
Trabajo de servicio social, así se llama la actividad extra académica que implementa el Colegio Loyola desde hace 30 años. Consiste en que cada año, los estudiantes de la promoción en varones y mujeres viajan a quedarse durante quince días en un pueblo o una comunidad para desarrollar un trabajo conjunto, construyendo una obra necesaria y requerida por la comunidad.
El Colegio Loyola es una institución educativa católica, fundada por los sacerdotes jesuitas que, desde la perspectiva de “Amar y servir” –su lema–, posibilita una educación en valores en contacto con el área rural, donde los estudiantes que culminan el bachillerato, en vez de hacer un viaje de promoción, de diversión y entretenimiento, eligen una comunidad para poner en práctica el trabajo de servicio social.
Esa decisión conjunta de la dirección, los profesores, padres de familia, estudiantes y asesor espiritual permite responder a las necesidades que son previamente evaluadas y verificadas en el lugar donde deben quedarse a vivir por dos semanas, requisitos relativos a disponibilidad de agua, ambientes para dormir, acceso a duchas y la restricción para los estudiantes de todo contacto con la ciudad y con la familia.
En la presente gestión, a requerimiento del director del colegio Humanístico Juan Pablo II, profesor Ramber Fuentes, el Colegio Loyola eligió Villa Rivero donde se encuentra es unidad educativa. Villa Rivero está ubicada a 58 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, a ocho de Punata en el Valle Alto. Según el asesor espiritual, padre Florentino Morales, 87 estudiantes entre varones y mujeres, aportaron con la mano de obra en la construcción de una cancha múltiple, además de unas 300 bolsas de cemento, pintura para las aulas, material didáctico y la entrega de medicamentos para primeros auxilios.
Además de la mano obra, los estudiantes llevan herramientas de trabajo: palas, picotas, mezcladora de cemento, badilejos, brochas, overoles, guantes y zapatos de trabajo, un albañil, implementos de cocina, refrigerador, menaje y provisiones de comida a cargo de una cocinera, que recibe el apoyo de los estudiantes por comisiones y turnos, para que no extrañen la atención que reciben en sus casas, una experiencia diferente que les permite valorar la disponibilidad que tienen en sus familias. También la presencia de dos profesores y tres profesoras que acompañan el trabajo durante las dos semanas de estadía.
A la iniciativa del colegio Loyola, en esta oportunidad, se dio también la participación del Gobierno Autónomo Municipal de Villa Rivero, que puso a disposición una volqueta para trasladar piedra, cascajo, arena y el aporte de un albañil, la Junta Vecinal contribuyó también con otro albañil, a cuyo cargo han estado los estudiantes trabajando en jornadas de ocho horas cada día, además de la participación de los estudiantes del colegio Juan Pablo II que conjuntamente se pusieron manos a la obra para avanzar y concluir las cancha múltiple.
En criterio de los estudiantes, su presencia en Villa Rivero resultó una experiencia nueva al poder contribuir con un trabajo físico esforzado. Reconocen que extrañaron a su familia, el celular, la ducha caliente, la cama, que hicieron un sacrificio para expresar valores de solidaridad, compañerismo, trabajo conjunto y mancomunado, compartir entre ellos una misma habitación y, que implica sacrificio para lograr un propósito común que contribuye a conocer y comprender otros contextos a los cuales es fácil adaptarse siendo joven.
Finalmente, Villa Rivero según los estudiantes es un pueblo bonito y encantador, los alrededores son hermosos, pueblo tranquilo con muy pocos autos y gente amable, que vale la pena retornar en otras circunstancias. ¡Misión cumplida!
El autor es periodista y docente universitario.
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