El ciudadano y su entorno
En el camino hacia el precipicio en el que nos han puesto el gobierno y el MAS, hay, sin embargo, algunos hechos que permiten recuperar algo de optimismo, pues muestran que cuando se privilegia el espacio común, la ciudadanía puede defenderlo, más allá de las visiones e intereses de la burocracia administrativa y los ejecutores de sus proyectos.
No otra cosa significa que en la semana que termina los vecinos hayan logrado que el gobierno municipal desista de su propósito de construir una canchita de pasto sintético en el Parque Fidel Anze, en la zona norte de la ciudad, y, en la zona sur, que se elimine la autorización para la construcción y funcionamiento de un motel en área residencial.
Pese a que en ambos casos se hace referencia a fuerte inversión, los argumentos expuestos por los vecinos, hombres y mujeres, más jóvenes que adultos, han sido contundentes, por lo que los funcionarios ediles, al menos verbalmente, tuvieron que aceptarlos. Y el resultado, si se concreta el desistimiento (porque en casos de este tipo solo se anota, como en el cacho, lo que se ve), deja una doble enseñanza. A los vecinos, que cuando tienen disposición a dialogar en el marco jurídico correspondiente y exponen argumentos sólidos adquieren la capacidad de revertir decisiones ya tomadas al calor del entusiasmo funcionario. A las autoridades, que administrativa y políticamente les conviene concertar con los vecinos antes de ejecutar proyectos que los afectarán directamente.
Además, en el caso concreto de la canchita, surge un mensaje contundente: las autoridades deben comprender que una prioridad inexcusable es respetar el medioambiente y, en Cochabamba, cuidar por sobre todo las fuentes de agua. Y resulta que la construcción de la canchita de pasto sintético implica impermeabilizar el suelo, lo que atenta contra los acuíferos existentes en esa zona. En este sentido, las actuales y futuras autoridades cochabambinas deben tomar conciencia de que una de sus obligaciones centrales es conocer a profundidad los principales problemas que tienen las ciudades y elaborar sus propuestas adecuando creativamente la forma de corregirlos con las demandas de la gente, lo que les permitirá tener una mejor estrategia para concretar sus legítimos intereses y visiones.
En fin, los casos que comento permiten señalar que la clave del éxito parece ser, por un lado, la defensa del espacio común que anima a los vecinos y hace reflexionar a las autoridades; por el otro, que ninguna de las partes salga derrotada con la solución.
Confirma esta visión cuando se revisa el desarrollo de otros conflictos que se presentan en el eje metropolitano, en los que no se puede establecer condiciones de diálogo. Un ejemplo cercano es el conflicto con las personas que están asentadas en las laderas de las torrenteras que nacen del Río Tiquipaya. El diálogo con esos ciudadanos no fructifica porque quieren que prevalezcan sus propios intereses, así sea que ello signifique violar el espacio público y, sobre todo, el sentido de sobrevivencia. Además, las partes han actuado de tal manera que cualquier solución racional significará que una de ellas se sienta derrotada.
Otro ejemplo de conflicto muy difícil de resolver es cuando, ante la adopción de acciones que afectan el espacio público, la parte demandante asume, por sí y ante sí, atribuciones que corresponden a las autoridades y pretende imponerse sobre éstas más allá de toda racionalidad, actitud que provoca de inmediato el rechazo también poco reflexivo de los demandados. De esa manera, la defensa del espacio común se convierte, más bien, en un pretexto de la acción proselitista entre las actuales autoridades y las que pareciera que pretenden serlo a futuro.
A fuer de ser machacón, quiero insistir en que, de acuerdo a los anterior, hay mayores posibilidades de encontrar soluciones cuando las partes de un conflicto coinciden en privilegiar el espacio común, lo que exige dejar de ver exclusivamente el ombligo propio y reconocer que no necesariamente nuestros propios intereses, por más legítimos que sean, coinciden con los generales.
Esa, además, es la esencia de la democracia y de la política…
El autor fue director de Los Tiempos
Columnas de JUAN CRISTÓBAL SORUCO QUIROGA



















