Disputa por la democracia
Hace poco, el homenaje a Jorge Lazarte organizada por sus exalumnos de la UMSA fue ocasión para rebobinar asuntos y/o problemas de reflexión política en torno a la democracia boliviana. La remembranza abarcó el balance de las mutaciones político-ideológicas desde su activa participación en la vida interna de la COB como asesor y, por ende, de una militancia “crítica” en la izquierda a miembro "notable" de la ex Corte Nacional Electoral que, según él, definió finalmente su actual concepción de la democracia.
Para Jorge Lazarte la transformación de sus convicciones fue resultado de experiencias prácticas “de una vida dedicada al pensamiento y acción política”, por ello, siempre fue la superación de nociones previas, de viejas certezas y posiciones. En su alocución se podía percibir una profunda frustración y desencanto en torno al socialismo tal como se implementó; pero, a la vez, esta experiencia le permitió “una intensa búsqueda de otras alternativas”. Un proyecto de sociedad en el que, según su argumento, la libertad individual sería el principio rector del orden social y político y no un simple recurso subsumido a otro tipo de intereses o estructuras de poder, sean estos colectivos y/o particulares.
La otra revelación, acorde con este balance crítico de los imaginarios de la izquierda, fue la valoración de las dinámicas corporativas que Lazarte pudo observar y lidiar al momento de trabajar en la COB. Ahí, se podía percibir una profunda sensación de incordio que, de acuerdo con su testimonio, le provocó los comportamientos pragmáticos de los dirigentes sindicales que para él “jamás debieron haber llegado al poder” o, mejor, “jamás debieran asumir funciones en el poder público”. Quizás, aquí, bajo estas dos reacciones, es posible rastrear el radicalismo de su deriva liberal en una vertiente conservadora que busca sustentar a su actual lectura de la democracia.
¿Cuál es esta lectura? Lazarte sostiene que a lo largo de los últimos años la noción de democracia ha ido mutando de una forma de gobierno –en la que importaban más los procedimientos de participación y representación ciudadana– a una definida como estructura de poder, de Estado y de sociedad. Es decir, en contra ruta de los añejos debates sobre la democracia entendida como formal y minimalista, ésta va asumiendo una noción sustantiva. La estrategia argumentativa es la de dotarle de un contenido que la asiente y, a la vez, establezca los límites de su alcance y comprensión. El objetivo es evitar los supuestos efectos “perniciosos” del minimalismo procedimental que desembocó en una democracia de mayorías, es decir evitar los efectos no deseados de su puesta en marcha en sociedades "no maduras" o, bien, como repetidas veces insinuó “penetradas por estructuras corporativas y patrimoniales”.
Este giro argumentativo de carácter reactivo respecto a la sociedad boliviana consiste en vincular de facto a la democracia (la forma de gobierno) con un modelo de Estado: el Estado de derecho, y de manera traslapada a un tipo de sociedad de base liberal, esto es, de supremacía del “lenguaje de los derechos”: los derechos fundamentales y, por ende, de la Ley, el derecho (la norma), sobre la soberanía popular. En los hechos, esta estrategia es el intento de afirmar “desde arriba” la validez de una supremacía deductiva en torno al orden político: la del liberalismo en su faceta conservadora, sobre los dispositivos procedimentales de la democracia que posibilitan la participación efectiva de la sociedad en las decisiones colectivas y, por lo tanto, en la construcción activa (participativa e igualitaria) de los artificios normativos/legales que dan forma al orden político.
El autor es politólogo
Columnas de FERNANDO L. GARCÍA YAPUR




















