Caballeritos
Volvieron las clases y vuelven también los mandiles blancos a las escuelas, el cabello recortadito, las camisas planchaditas y la corbatita bien anudadita, como caballeritos… ¿Qué tierno, verdad?
Pues no. Me cae como plomo de tristeza. ¿A quién se le ocurrió esta idea de empaquetar a nuestros niños para tenerlos quietitos en el pupitre con vista a la pizarra?
Por favor, miren nada más cómo ese grupo de niños trata de jugar fútbol en el recreo, en el patio de la escuela, con zapatos de vestir, el pantalón de tela que se llena de polvo de cancha y esa maldita corbata que no deja ni respirar cuando gritan el gol. Bueno, al menos sirve para secarse el sudor de la cara. Pero da pena que hasta en la más remota escuela del campo ahora obliguen a los zapatos de cuero bien lustraditos y la corbatita atadita al cuello como a cordero llevado al matadero.
¿A quién se le ocurrió vestir a las niñas con esos vestidos horrorosos que no les dejan ni jugar liga liga, o esos jampers o esos costales que parecen para mujeres embarazadas?
Claro, en nuestra concepción adultocentrista, vestimos a nuestros niños con nuestro estereotipo de pequeños caballeritos, queremos a nuestras niñas como señoritas, nos olvidamos que, pese a nuestras proyecciones, son niños.
Por favor, no me opongo al uniforme, pero por lo menos piensen en algo práctico para ellos, permítanles jugar fútbol en el recreo, dejen que las niñas salten a la cuerda, déjenlos ser libres, jugar y reír, déjenlos ser niños.
El autor es Editor de Los Tiempos
Columnas de LUIS FERNANDO AVENDAÑO



















