Solidaridad
En una anterior columna se trató sobre esta extraordinaria tendencia adquirida por los humanos, evocando como ejemplo las actitudes de los “Tres Mosqueteros”, obra novelesca de Alejando Dumas, padre, que dignifica la solidaridad en momentos aciagos y propugna la ayuda mutua entre las personas.
Hoy la solidaridad política se impone por la diversidad de conceptos que emanan del estudio de la ciencia política. Entonces, la solidaridad política se manifiesta, a través del consenso, la aceptación del pensamiento del otro por considerarlo mejor y descartando la intriga filibustera, acciones que decantan en beneficio del pueblo, que debería ser el objetivo teleológico de todo político, emulando las enseñanzas de los sabios griegos que, antes de asumir cualquier cargo, público juraban solemnemente servir solo a la población, conscientes de que podían ser ejemplarmente castigados en caso de no hacerlo.
La solidaridad es una consecuencia interna de mujeres y hombres por el hecho natural de vivir en comunidad; por ello, sobre este concepto se podría inquirir si se puede exigir al otro la solidaridad; la respuesta es negativa debido a que la solidaridad es una disposición interna que reposa en los humanos y el deber es activarla.
De la solidaridad nace el Estado social pues todas las obligaciones que se deben satisfacer viviendo en una colectividad organizada, ejemplificando: el pago de impuestos para que otros ciudadanos puedan vivir mejor, para la infraestructura que beneficia a todos y para que los jóvenes puedan estudiar, así se genera un círculo de obligaciones que se asumirán a medida que se ejercen derechos y obligaciones que decantan en la solidaridad total.
El filósofo Leibnitz decía “Es de mi convicción que se debe trabajar para la comunidad y a medida que se concibe este concepto de logra la felicidad”, frase inferente sobre el génesis de la solidaridad que reside en las familias y, por el cambio de vida en las familias la solidaridad también sufre una metamorfosis por la naturaleza de la necesidades que estructura un cambio sociológico que sería lo ideal, empero, muchas veces no funciona.
¿Existe un déficit de solidaridad en la sociedad actual? Por los cambios que se han producido la solidaridad no se refleja con una misma intensidad que en décadas atrás, pues emana de las acciones de las familias donde también hubo transformaciones por la evolución de las sociedades; de esta forma la solidaridad se traslada de lo privado a lo colectivo, cuanto más solidaria es la familia la solidaridad se convierte en una impronta endeble de la población.
La humanidad asume mayores responsabilidades que en el inmediato pasado, consecuentemente, la solidaridad en estas interrelaciones debe estar presente como decantación de una educación que apunta a su origen: las familias.
La solidaridad no es un ejercicio de los dominantes sino que descansa en la disposición de las personas para plasmarla, como una necesidad interna de realizarse; de donde decanta que la solidaridad es emocional no necesariamente racional.
La solidaridad acusa su primitivo origen en las experiencias que vive progresivamente el humano y, una vez que identifica la acción solidaria como una célula de la vida, comienza a adherirse en su espíritu. Lo importante es introducirse en la urdimbre de las interrelaciones para exacerbar la tendencia genuina a la solidaridad pues es el único ámbito para entregarla.
El autor es abogado con posgrados en filosofía y ciencia política
Columnas de RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS


















