El silala mitológico
Ahora que parece inevitable la derrota jurídica boliviana en el litigio con Chile que se ventila en la Corte Internacional de Justicia de La Haya por el caso del Silala, me vienen a la mente dos ideas: primero, a Guillermo Francovich y la forma en la que veía la historia en una relación con mitos profundos al interior del boliviano y boliviana. Y lo segundo, las veces que con mis compañeros de colegio y/o amistades, vociferábamos en contra del pueblo chileno, como una reivindicación profunda por los daños históricos causados.
Partamos por Francovich, y luego sobre lo segundo.
Francovich decía, que, si queríamos ver el alma colectiva de un pueblo, habría que ver las respuestas que da al porqué de su destino, el sentido que le daba a su historia, sus miedos, rencores, sueños. En otras palabras, el relato por el que ese pueblo contaba sus penas y tristezas.
Todo lo anterior se representaría en mitos, historias fabulosas o tristes sin suficientes evidencias que confirmen o afirmen que eso es cierto.
Para ejemplificar, tenemos los siguientes mitos profundos; “somos pobres por la pérdida de una salida al mar”, o “el litio nos dará mágicamente el salto al desarrollo”, en fin, relatos que dan justificación a lo que somos, y qué esperamos para más allá.
Ahora, eso no está ni bien ni mal, pero contribuye a un sentimiento nacionalista que no permite tampoco entender otros factores que son más determinantes para los problemas sociales, políticos y económicos que tiene el país.
A lo que me voy es que por pensar que somos pobres por la pérdida de una salida al mar, no cuestionamos la corrupción en las instituciones públicas, años de administración criolla para un solo sector del país o la pésima administración de los ingresos recibidos por nuestros recursos naturales. No lo hacemos, reducimos lo complejo de nuestro destino al simple relato de que nos va mal porque no tenemos mar.
Ahora, pasa lo mismo con el Silala, este conflicto surge después de la derrota en la Guerra del Pacífico y se da por la disputa sobre el uso de las aguas del Silala. La versión del país es que se trata de un manantial que nace de ojos de agua y bofedales y que, al unirse, forman un caudal que fue canalizado artificialmente por Chile.
Por su parte, Chile afirma que se trata de un curso de agua nacido en Bolivia de curso hídrico sucesivo y transfronterizo, es decir, un río internacional. Ahora, hace poco nos enteramos que Bolivia en su defensa en la corte de la La Haya, reconoció que parte de las aguas del Silala fluyen de manera natural hacia Chile, dando respaldo a la versión chilena, sumado a eso, renunció el equipo jurídico internacional, en parte, posiblemente porque ven que la causa está perdida, pronosticando lo que todos ya sabemos.
Si somos justos, junto con una posible nueva derrota en La Haya, supongo que llega un momento en el cual debemos, un poco, repensar la historia que nos contaron y proyectar una más consciente de nuestro papel en el siglo XXI como Bolivia, olvidando los errores de la elite oligárquica que gobernó otrora el país.
Son tiempos de recuperar el destino y ver qué hay más allá de nuestros derroteros, sin reducirlos al conflicto con Chile.
Para terminar, Guillermo Francovich señalaba, “que los mitos tienen vida propia. Por lo que no se los destruye desde fuera. Mueren por dentro" y, así será, aun sabiendo que toda muerte, tiene su parte dolorosa.
El autor es analista de políticas públicas
Columnas de CÉSAR AUGUSTO CAMACHO SOLIZ

















