Estigma y discriminación contra el personal médico
Quienes integran el personal de salud son los primeros en dar respuesta a la pandemia del Covid-19, que, hasta la fecha, suma unos 24.000 infectados en Bolivia. Desde el inicio de la emergencia sanitaria, médicos, enfermeras, personal de laboratorio, farmacias e incluso personal administrativo han sido discriminados o estigmatizados por parte de la población.
Desde fines de marzo se hicieron frecuentes las acciones de grupos de personas en Rurrenabaque, El Alto, Cochabamba, Sucre, Santa Cruz, y varios otros lugares en los que vecinos cercaron y bloquearon el ingreso a hospitales y centros de salud e incluso amenazaron con “quemar vivos a los doctores” como sucedió en el caso de una localidad de los Yungas. Enfermeras y médicos denuncian con desesperación hechos concretos de hostigamiento y discriminación por parte de sus vecinos contra ellos e, incluso, contra sus familias. Vigilados por vecinos como si fueran jueces o policías, “filmaban y fotografiaban todos mis movimientos”, declaró una médica víctima de discriminación en Cochabamba ante la prensa.
¿Cómo entender que, en otros países, el personal de salud ha sido el objeto de todos los reconocimientos de la población y en nuestro país, pasa lo contrario?
¿Qué lleva a la gente a discriminar y amenazar al personal médico en un momento en el que se le necesita tanto? El miedo irracional al contagio, a la muerte y la falta de información llevan a abandonar la solidaridad y empatía.
La pandemia ha tomado al mundo por sorpresa, sin embargo, para hacerle frente, no solo deben concentrarse los esfuerzos en los aspectos netamente médicos, sino acompañar estos esfuerzos con campañas masivas de educación sobre la enfermedad, prevención, lucha contra la infodemia –o sea la desinformación–, a la vez que se debe promocionar cultura ciudadana y del bien común.
Los efectos de discriminar al personal de salud son, paradójicamente, una puñalada que la sociedad se da a sí misma. El personal médico: enfermeras, administrativos, personal de limpieza, laboratoristas, farmacéuticos, al ser discriminados quedan afectados, no solo en su bienestar y salud mental, sino que se perjudica directamente a su rendimiento profesional y esto –en tiempos de pandemia– tiene su repercusión en la calidad de la atención a todo ciudadano que la necesita.
Existen algunas organizaciones de la sociedad civil, casi invisibles y menospreciadas, que realizan acciones concretas y respuestas rápidas para mitigar la pandemia. El Instituto para el Desarrollo Humano (IDH) viene ofreciendo hace más de dos meses prestaciones directas de asistencia psicológica paras el personal de salud, campañas de prevención de Covid-19 y contra la infodemia en redes sociales y varias otras acciones concretas de distribución alimentaria y de material de higiene a poblaciones vulnerables, cooperando así en la lucha contra la pandemia.
Son muchas las heridas que la irrupción del nuevo coronavirus ha reabierto en la sociedad y muchas las heridas nuevas que nos estamos causando unos a otros. Se requerirán nuevas ideas, pactos sociales y acuerdos, nunca antes realizados, entre todos los bolivianos para superar la tragedia humana que está dejando la pandemia en todas las áreas de nuestra sociedad.
Urgen las garantías para el trabajo del personal de salud, equipamiento, bioseguridad, contención psicológica, son tareas prioritarias y fundamentales en esta lucha.
El autor es Comunicador Social e Investigador del Instituto para el Desarrollo Humano



















