Cómo contar a los humanos
Una nueva investigación publicada en la revista médica británica The Lancet pronostica que el crecimiento continuo "a lo largo del siglo ya no es la trayectoria más probable para la población mundial". Más bien, es posible que la población mundial alcance su punto máximo en 2064, en 9,7 mil millones, antes de disminuir a 8,8 mil millones para 2100. Los autores proyectan que las poblaciones de 23 países, en particular Japón, Tailandia, España y Ucrania serán al final de este siglo, como máximo la mitad de lo que fueron en 2017. Y que la población de "otros 34 países probablemente disminuirá entre un 25 y un 50%, incluida China, con una disminución prevista del 48,0%".
Por el contrario, se espera que la población de Nigeria crezca 3,8 veces hasta 2100, aunque se espera que su tasa de fecundidad promedio disminuya de 5,1 a 1,7, es decir, por debajo del nivel de reemplazo y por debajo del de Suecia (1,8 hijos por mujer) en 2017. Nigeria fue el único país de África subsahariana que se ubicó entre los 10 países más poblados del mundo en 2017. Sin embargo, para 2100, se espera que esa lista incluya a la República Democrática del Congo, Etiopía y Tanzania.
De los cuatro países más poblados de hoy después de China, se espera que India e Indonesia experimenten una disminución de su población, mientras que EEUU y Pakistán crezcan, aunque por diferentes razones. El aumento de la población en EEUU estaría impulsado por la inmigración, lo que compensaría una disminución de 1,8 a 1,5 en la tasa de fertilidad. En Pakistán, los autores anticipan que el crecimiento de la población será impulsado por la mayor tasa de fertilidad, aunque esperan que caiga de 3,4 a 1,3 para 2100, por debajo de la tasa actual o proyectada de EEUU.
Pero se aplican las advertencias habituales. Estos pronósticos específicos de cada país están sujetos a una incertidumbre aún mayor que los pronósticos globales. Como señalan los autores, las tendencias demográficas siempre pueden ser más o menos dramáticas de lo esperado. Además, su “marco de modelado” no incluye variables significativas como los efectos del cambio climático o el riesgo de pandemias como la de Covid-19.
Además, el historial de previsiones de población no inspira confianza. En 1798, el economista inglés Thomas Robert Malthus predijo que el crecimiento de la población inevitablemente superaría el crecimiento de la producción de alimentos, provocando una hambruna generalizada. Luego, durante la Gran Depresión de la década de 1930, mucha gente pensó que la población mundial entraría en declive permanente. Sin embargo, en las décadas de 1950 y 1960, el nuevo miedo –reflejado en términos como "bomba demográfica" y "¡Hambruna 1975!"– era que el continuo crecimiento rápido de la población destruiría a la humanidad y al planeta.
Las tres predicciones estaban equivocadas. La verdad es que no podemos saber con precisión cuántos niños nacerán durante el resto de este siglo. Lo que podemos hacer, sin embargo, es un mayor esfuerzo para garantizar una mejor nutrición, salud, vivienda, educación, prosperidad, paz, seguridad, igualdad de oportunidades, calidad ambiental, estabilidad climática y libertad para todas las personas. El futuro de la maternidad, la crianza, la salud y la supervivencia de la población y las tendencias en la migración y la integración social dependerán de las inversiones y los compromisos que los países asuman ahora y en las próximas décadas.
Un liderazgo político sólido y el apoyo a una educación masiva de alta calidad son de suma importancia, al igual que la nutrición básica, la anticoncepción y la atención médica accesibles, y las relaciones internacionales constructivas. El estudio de The Lancet no es el primero en pronosticar un posible fin del crecimiento de la población mundial antes de 2100. Pero los autores han hecho una contribución valiosa al ofrecer también varias propuestas originales para mejorar las proyecciones de población en general.
Lo que es más importante, la nueva investigación utiliza factores externos para predecir las tasas futuras de natalidad, muerte y migración. Los pronósticos de fertilidad, por ejemplo, dependen de los compromisos futuros con la educación y del acceso a la planificación familiar. Asimismo, las proyecciones de migración han tenido en cuenta los ingresos per cápita, la educación, la fecundidad, las muertes por conflictos y desastres naturales y otras variables.
Queda por ver si estos factores externos, en sí mismos inciertos, mejorarán la precisión de las proyecciones de población en comparación con las emitidas por la División de Población de las Naciones Unidas (UNPD, por sus siglas en inglés), que se basan en extrapolaciones demográficas y juicio profesional. Durante el último medio siglo, las proyecciones de la PNUD han demostrado ser razonablemente precisas respecto a la población mundial, aunque menos ciando se trata de países por separado.
Aunque las proyecciones de población de diferentes agencias no están de acuerdo sobre si terminará el crecimiento de la población mundial y cuándo, hay algunos puntos en los hay una convergencia casi unánime. Todos anticipan que para 2100, el número promedio de hijos que cada mujer tendrá en su vida habrá disminuido a escala mundial. El debate gira en torno a cuánto, qué tan rápido, cuándo y dónde ocurrirá esto. Es comprensible que las trayectorias futuras de la población sean muy sensibles a la fecundidad.
Podemos estar razonablemente seguros de que, en el futuro, una proporción mucho mayor de la población mundial vivirá en ciudades y en los países pobres de hoy. Una proporción mucho mayor de la población mundial será cronológicamente vieja, aunque no necesariamente vieja funcional o mentalmente. La proporción de personas en edad de trabajar, definida convencionalmente como de 15 a 64 años, se reducirá drásticamente y la definición de “edad de trabajar” probablemente tendrá que cambiar.
Por último, una proporción mucho mayor de la población mundial será de origen africano, en comparación con la gente de origen europeo, americano o del este o sur de Asia. Y, como resultado de la migración, muchas sociedades serán mucho más heterogéneas en origen, idioma, religión, costumbres y expectativas. De todas maneras y sin que importe cuántos humanos poblemos la Tierra, tendremos que aprender a vivir juntos en paz, o no viviremos en absoluto.
El autor es profesor de demografía en la Universidad Rockefeller y la Universidad de Columbia, © Project Syndicate y LOS TIEMPOS 1995–2020
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