Krampus
Quienes me conocen pueden saltar esta introducción y pasar al tercer párrafo. Para quienes no saben quién soy, esta es mi presentación: Soy Krampus, el indeseable acompañante del Papá Noel. Mi rostro diabólico está adornado con cuernos en la frente, una larga lengua roja y una cabellera negra. Tengo el cuerpo cubierto por un tupido pelaje oscuro, y mis patas son de cabra, similares a las de un fauno. Llevo una vara para castigar a los que se han portado mal y a plan de azotes trato de que se vuelvan buenos.
Una vez que hago mi recorrido navideño, los niños alemanes, por ejemplo, comprueban si el zapato o la bota que han dejado la noche anterior contiene regalos (una recompensa por su buen comportamiento) o una vara (para los malos).
Este año Papá Noel no saldrá, porque es del grupo de riesgo, así que saldré yo a repartir toneladas de varas, especialmente para quienes no usan barbijos. Otras irán para los que no se lavan las manos ni usan alcohol en gel para desinfectarse. Gracias a eso ¡están esparciendo el virus y provocando muchas muertes!
Mi castigo favorito irá para los políticos. Para todos. Para los que no aprueban el uso de vacunas. Para los que pactan con sindicatos y corporaciones. Para los que comparten y aprueban sucios negociados. Para los que niegan una educación sexual de calidad a la humanidad e impiden que las mujeres decidan cómo, cuándo y cuántos hijos desean tener, si es que desean tenerlos.
Creo que mis manos se cansarán de los palazos que repartiré a los taladores de árboles. Tanto a los que están en la Amazonía, en Papúa Nueva Guinea, Malasia, como a los que matan árboles en ciudades. También irán para los que compran pisos de madera para sus casas. Porque si hay oferta de madera es porque hay demanda.
Asimismo, llevarán tremendo castigo los que compren animales para obsequiarlos. Loritos, perritos, gatitos, víboras y puercoespines corren la peor suerte y terminan encerrados, estresados, sucios, u olvidados en un rincón por aquellos que los recibieron como regalito navideño.
Ahorraré fuerzas porque la lista continúa. Esta no será una feliz Navidad para muchos porque han olvidado lo primordial de la fiesta: amor, unidad, esperanza, caridad y compasión. Les pido que reflexionen y detengan su loco frenesí. Hagan un alto y vuelvan al origen. Allí podrán encontrar muchas respuestas a las preguntas básicas de la humanidad: ¿de dónde vengo, a dónde voy y cuál es mi misión en la Tierra?
Sosieguen su espíritu. Abran espacio al silencio. Dejen que la paz inunde sus corazones. Ese será su mejor regalo. Y yo no tendré que repartir más castigos.
La autora es mensajera del Krampus y lo respeta mucho
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER


















