La primitivización de Bolivia
Un amontonamiento de casas no hace una ciudad. El Alto, por ejemplo, no es una ciudad. Igualmente, un amontonamiento de gente no hace necesariamente una sociedad. ¿Y existe una sociedad boliviana? No se puede hablar tan generalmente, dirán unos, pues siempre hay una multiplicidad de sociedades que se juntan, se sobreponen, se entrecruzan y que juntas constituirían una sociedad mayor, en mayor o menor grado ella misma unificada. Lo que se dice una nación.
Ciudad y sociedad, ni qué decir tiene, están totalmente imbricadas. De ahí viene el ciudadano –que es diferente del súbdito. Ciudadanos en ciudades libres, súbditos bajo dictaduras. A La Habana, por ejemplo, el tenebroso castrismo le quitó su condición de ciudad al despojar a sus ciudadanos de su ciudadanía y convertirlos en súbditos. Ahora La Habana, así, no es más que un amontonamiento de casas que se están cayendo. A ciudad rota, sociedad rota.
El otro día, exactamente a las 6.40 de la tarde, pasé por la plaza Colón en Cochabamba y la vi llena de basura. Si la una vez muy querida Plaza Colón aparece ahora, un día cualquiera, llena de basura, hay que sacar, simplemente, las implacables conclusiones: no hay ciudad, no hay sociedad. Y mucha suciedad.
El proceso de degradación por el que pasa Cochabamba es viejo. Tanto como para haberla deforestado hasta el punto de dejarla con el vergonzoso 2,7% de cobertura arbórea. Quisieran, parece, dejarla como El Alto. Se traicionó sin miramientos su vieja vocación de ciudad jardín. Sin parar, sin que ninguna alcaldía nunca se haya opuesto decidida y debidamente –al contrario. Encima, el río Rocha es ahora una acequia pestilente. Y todavía, los masistas, quieren lotearse el Parque Tunari. El que destituyó a su buen director, (además de a todos los responsables serios de los todos los parques nacionales), es un masista de pura cepa, es decir que ya viene acusado de corrupción, sin que eso haya importado un comino a la hora de darle tan delicado cargo.
Cereza en la torta, hay un considerable porcentaje de cochabambinos que votarían, para la alcaldía, por un masista de la peor especie como Cox, ya envuelto en la salvaje represión que hubo con objeto de ceder el Tipnis a los cocaleros. E igual podría tener una buena votación. Entonces no hay, simplemente, ni amor por la ciudad ni comprensión, ni inteligencia, ni imaginación para vivir en ella y convertirla en una ciudad antes que un mero amontonamiento de casas con servicios, calles para autos y con un río pestilente. Para que un amontonamiento de casas devenga una ciudad tiene que haber un sueño por debajo. Y, por supuesto una sociedad. ¿Los hay ahora?
Desde García Mesa que no se veía a Bolivia y sus ciudades tan degradadas. Lo malo es, ahora teme uno, que ya no haya ninguna vuelta atrás, que todo este proceso de destrozo y aniquilación de instituciones (y parques naturales, y la educación, la justicia, la cancillería, la salud, la cultura) ya sea irreversible y nunca más nada pueda volver a ser limpiado, corregido, reenderezado como, por ejemplo, ahora mismo está haciendo Biden con la nefasta herencia de Trump. Pero en Bolivia no habrá ya ningún Biden venidero que llegue un día con su estropajo a limpiar toda la cochinada que va quedando por doquier y a reconstruir las instituciones a partir de sus escombros.
La mayoría de los bolivianos, la verdad, tampoco se percatan de la situación de su país –o de su ciudad. A inmensas masas que no saben dónde están paradas, no les parece, la verdad, que haya ningún desastre a la vista. No se hacen problema con la tala de árboles en las calles ni la corrupción les parece un mal mayor. Desde siempre, lo propio de los idiotas ha sido que no puedan diferenciar una liebre de un gato. El Brexit, en Inglaterra, demostró que ningún país está libre de que los más estúpidos, en mayoría, impongan lo peor.
El gobierno de Arce está resultando aún peor que los anteriores de Evo, si cabe. Basta ver el escenario delirante, y ofensivo de tan ridículo, que montaron por unas pocas vacunas que lograron traer. Como de costumbre, son totalmente incapaces de hacer nada bien.
Que alguien como Leonardo Loza sea ahora nada menos que un senador rebaja, inmediatamente, tanto a la función de senador como a todo el Senado, que ahora se ha convertido en una vergonzosa pacotilla en manos, entre otras, del complejo coca-cocaína.
Y así como la ciudad que fue y pudo ser ahora es tragada por la angurria inmobiliaria y la eterna estupidez edil, así también lo mejor de un país que fue y pudo ser ahora ha sido aniquilado y está dejando de existir. En un inexorable proceso de retroceso en todos los órdenes, Bolivia avanza a su primitivización mayor. A este paso se va convirtiendo aceleradamente, por obra y gracia del MAS, en una especie de Haití interior del continente. Ya no parece que logre escapar a ese destino.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.



















