¿Se puede construir sin matar árboles?
A finales de los años 90, llegó a la alcaldía de Cochabamba una particular solicitud de un arquitecto: pedía que se talen los árboles del Prado alrededor de donde estaba construyendo su edificio, justificando que el diseño de este era una “hermosa obra” que tenía que ser admirada desde todos los puntos de vista y los árboles “estorbaban”. Afortunadamente, las autoridades municipales de la época le negaron el pedido. Pocos años después, se construiría el edificio de Comteco respetando los árboles del terreno, las palmeras que estaban en el lugar sirvieron de inspiración para hacer un juego armónico con las columnas del edificio que se aprecian desde afuera, en este caso la construcción se adecuó a los árboles y no fue el verdugo de los mismos.
Hoy es muy normal, en la construcción boliviana, talar todos los árboles del terreno para aprovechar económicamente cada metro cuadrado, en muchos otros casos, también se sacrifican los árboles de las aceras, aunque estos no son propiedad privada Se talan para dar paso al garaje del edificio. Lamentablemente, también hay constructores que creen que el árbol arruina el diseño de la fachada del edificio, por lo que igual liquidan estos seres vivos con paradójicos “fines estéticos”.
Igualmente, hay que considerar el espacio en los retiros laterales y en el fondo del edificio, si en esas caras de la construcción habrá ventanas, la norma obliga a colocar dos metros de distancia con la pared del vecino, si este también construye un edificio, se aplica la misma norma y queda un espacio total de cuatro metros entre edificios. Esos espacios laterales y de fondo, si fueran más grandes, se podrían aprovechar para situar árboles, pero lamentablemente no se planifican espacios suficientes para convivir con ellos, se explota el terreno para sacarle el mayor provecho económico sin considerar a la naturaleza.
Dejando de lado los edificios, ahora analicemos las casas y las fajas de jardín, estos últimos años ha proliferado la habilitación de locales para comercio, vemos casas que usan todo su frente para construir tres a cuatro tiendas, sacrificando toda su faja de jardín y, obviamente, los árboles que habitaban en ella. Si bien la actual norma lo prohíbe, el propietario generalmente la infringe y espera la siguiente “amnistía municipal” para legalizar lo ilegal, una práctica muy común que suelen realizar los alcaldes con tal de ganar “popularidad” con una población indolente.
La normativa vigente desde el año 2010 es la Ordenanza Municipal (OM) 4100, que es un reglamento complementario a la normativa urbana, en palabras más simples, es un parche improvisado, un parche que trajo más perjuicios que beneficios, las normativas anteriores regulaban las construcciones para dejar superficies destinadas a áreas verdes, en cambio, esta es muy flexible y lo poco de bueno que tiene no se cumple debido a las “amnistías” de los alcaldes, en general, con fines políticos electorales, por tanto, desde el año 2010, la OM 4100 está arruinando las áreas verdes de Cochabamba, una construcción a la vez.
Para empeorar más la situación ambiental, se descubrió científicamente en el planeta un nuevo fenómeno llamado “islas de calor”. En muchas ciudades que talaron sus árboles, hay puntos que aumentan de temperatura debido a las distintas superficies que acumulan calor, como el asfalto de las calles, las aceras, el reflejo de algunas ventanas, los tejados. Todo este calor acumulado llega a emitir radiación y aumenta la temperatura en puntos de las ciudades o en las ciudades enteras. En Cochabamba ya se han detectado islas de calor, contra este nuevo fenómeno son los árboles los que nos protegen, pero nosotros no los cuidamos ni respetamos.
¿Cómo debería ser la norma correcta para regular la construcción en una equilibrada convivencia con árboles y áreas verdes? Sin ir muy lejos, ciudades de Colombia, Chile y Brasil exigen en sus normativas espacios suficientes con estos fines, no se puede construir un edificio en cualquier terreno, se exige una superficie mínima, si el terreno no cumple con ese tamaño, entonces la empresa constructora se ve obligada a comprar una de las propiedades aledañas para anexarlas y cumplir el requisito, es normal ver en estas ciudades casas vacías por años mientras la empresa constructora espera que un vecino se anime a vender su propiedad. Cuando el constructor cumple el requisito, la normativa también le obliga a dejar generosas distancias de retiros en los laterales y el fondo del terreno según sus coeficientes de uso de suelo.
El edificio de Comteco en el Prado, es un ejemplo de cómo una construcción puede convivir con los árboles, una planificación urbana de calidad y sostenible busca que la ciudad, en su desarrollo y en las dinámicas de sus habitantes, tenga una buena relación con el territorio que ocupa y con la naturaleza.
El autor es arquitecto urbanista
Columnas de JAVIER MOLINA ANZOLEAGA

















