Gelatina de pata
Mi bisabuelo se llamaba Gerónimo Calle Gutiérrez. Según mi bisabuela, no servía para muchas cosas, pero era el mejor cocinero del mundo, tanto así que llegó a trabajar como cocinero en Palacio de Gobierno durante la gestión de Bautista Saavedra.
El bisabuelo cocinaba riiicos banquetes para el gabinete y todos los manq’a gastos que había (hoy todavía hay), y la bisabuela decía que se lució en el banquete por el centenario de la República, el año 1925, en el que sirvió los mejores platillos y su especialidad: la gelatina de pata.
Después, Saavedra cayó del poder y todos fueron despedidos. El bisabuelo agarró trabajos en uno y otro lugar y un tiempo después estalló la Guerra del Chaco y él se fue a pelear.
La bisabuela esperó y esperó, pensado que volvería para hacer su gelatina de pata, pero no volvió. Fue declarado desaparecido y finalmente, muerto.
La bisabuela decía que tal vez no estaba muerto, que quizás se lo había agarrado una “pila” (paraguaya) para quien posiblemente estaría cocinando cosas ricas, pero yo me daba cuenta de que lo decía para sacarse de la cabeza la idea de su marido muriendo de sed, desangrado, desesperado y lejos del hogar, en esas tierras inciertas del Chaco.
Desde que tengo uso de razón, comer gelatina de pata siempre implicaba para la bisabuela, la abuela, mi madre y mi tía, que se acordaran del bisabuelo Gerónimo.
Ahora me pasa a mí también y aunque nunca lo conocí, me encomiendo a su mano cuando tengo que cocinar y pienso en la suerte que tuvo la “pila” de comer cosas ricas mientras nosotros tenemos que comprarnos las gelatinas de las caseras.
La autora es coordinadora de contenidos y encargada del Archivo Histórico de RTP
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