Corto plazo y largo plazo para la política
La salud y la educación, entre otros, son políticas que se deben planificar para el largo plazo. Estos sectores definen el tipo de población que se tendrá en el futuro a través de las acciones planificadas en estas políticas. Es decir, las políticas que pueden mejorar la educación, por ejemplo, se basan en los problemas de hoy y los escenarios que se piensa podrían ocurrir en el futuro. Así es, el futuro podría cambiar con nuevos eventos que ignoramos hoy y que podrían ocurrir. Por otro lado, si no se planifica las acciones para el futuro, una nación no está preparada para el devenir.
Eventos como el COVID-19 pueden cambiar totalmente los planes del presente y del futuro. Pero las naciones que estaban preparadas para realizar el trabajo desde casa con conexiones rápidas de internet, por ejemplo, pudieron continuar trabajando y, a pesar de que la productividad descendió en muchas naciones, este bajón no fue tan profundo en aquellas naciones que planificaron y actuaron para el largo plazo.
Muchas veces sentimos que el gasto para planificar el largo plazo es elevado. ¿Estamos invirtiendo bien el dinero para el futuro o deberíamos invertirlo en algo más urgente hoy? Muchos políticos asumen que la población prefiere ver obras continuamente, aunque éstas sean pequeñas. La generación de políticas debe ser realizada bajo la premisa de lograr resultados que generen mayor y mejor calidad de vida. De la misma manera operan los padres de familia, que deciden pensando en el largo plazo para sus hijos. Es así que se evita alimentar a los hijos con comida chatarra (mucha azúcar, aceite o sal), que los harían muy felices, comiendo rico cada día, pero que les perjudicaría en su desarrollo futuro, con problemas de salud como la obesidad, diabetes, etc. Es decir, las llamadas también enfermedades no transmisibles.
Esta puede ser una reflexión para los riesgos de salud que América Latina está enfrentando en el futuro con las enfermedades no transmisibles. Una ciclovía, por ejemplo, es una inversión de largo plazo. Cuesta hoy, pero se recupera en vidas ganadas.
En Cochabamba, 10 personas menos no sufrirán de infartos cada año por andar en bicicleta, 10 personas menos que no tendrán sobrepeso por ejercitar su cuerpo y 10 personas más que tendrán un cuerpo más saludable y menos depresivo al motivarse haciendo ejercicios cada día.
Todas estas personas requerirán menos uso de centros de salud en el futuro y habrá menos personas enfermas faltando al trabajo (reducción de pérdida de productividad). Si asumimos que el gasto es de 1.000 dólares por persona al año, en promedio, esto ya significa 30.000 dólares al año y si contamos esto por 10 años tendremos un ahorro en el sistema de salud o en el bolsillo del ciudadano de 300.000 dólares en 10 años. Todo esto sin contar con el incremento del bienestar social, la mejora del medio ambiente por utilizar menos movilidades, la reducción de accidentes de tránsito. Además, debemos pensar que una ciclovía dura mas de 10 años. Todo esto es mayor ganancia.
Columnas de KATHYA CÓRDOVA POZO



















